¿A quién quieres hacer feliz cuando te miras en el espejo?

La belleza es una trampa; no ser una persona guapa o fea según los estándares, sino el concepto de belleza impuesto por el mercado y la sociedad.

Es más fácil controlar a alguien que se odia, a alguien que ha recibido mensajes negativos sobre su persona, gotita a gotita durante años, a alguien que destina un tercio de sus ingresos a consumir productos que le van a permitir encajar en lo que el mercado – porque al final todo es un problema de mercado- ha establecido. Alguien a quien la pornografía, los anuncios de cerveza y de automóviles le ha enseñado cómo posar, cómo sudar, cómo follar.

Es más fácil controlar a alguien que se odia, a alguien que ha recibido mensajes negativos sobre su persona, gotita a gotita durante años. Alguien a quién la pornografía, los anuncios de cerveza y de automóviles le ha enseñado como posar, como sudar, como follar.

El mito de la belleza es un libro escrito por Naomi Wolf en los 90 y reeditado por Continta me tienes en este 2020 con una espléndida traducción de Matilde Pérez -que ya ha trabajado con la editorial en textos como Mujeres y locura– y que pese a que ya han pasado 30 años sigue, desgraciadamente, de rabiosa actualidad, siendo uno de esos textos feministas de obligada lectura para cualquier que quiera formarse en estos, nuestros feminismos.

En lo único que ha variado el alcance del texto es que si antes la belleza era un valor añadido para las mujeres , ahora, aunque en menor medida, y en parte por el mecanismo de culto a la imagen que defienden y promueven las redes sociales, el resto de identidades también están afectadas. Sí, querides, el patriarcado tiene unas tentáculos muy largos y nos afecta a todes.

El mercado se ha dado cuenta de que no todos los cuerpos cumplen los estándares deseados y ha abierto un poco sus magnánimas normas para dejar entrar a otros cuerpos que consuman y promuevan la economía de la belleza y el control que a ellos interesa.

Ya se puede ser gorda, pero no una gorda cualquiera, sino curvy, porque como defiende Virgie Tovar en su ensayo Tienes derecho a permanecer gorda, dentro de la propia gordura existe la otredad, ya que se acepta a aquellos cuerpos que aunque no tienen el peso marcado para ser aceptado, sí la forma, o una belleza en el rostro que es admitido. ¿Qué pasa si eres gorda y según los estándares no eres guapa? ¿Te quedas en tu casa?

Ante una acción hay siempre una reacción y tras los éxitos feministas de la segunda ola, las ideologías conservadoras buscan nuevos mecanismos que funcionen como religión y mantra para aquellas descarriadas que se nieguen a cumplir la norma. Si antes el sexo era un tabú y estaba mal visto, ahora lo es comer por placer, no seguir la moda, o -increíble pero cierto- envejecer. Como si las funciones biológicas fueran un campo de batalla contra el que pudiéramos luchar para cumplir la norma que el capitalismo nos impone.

Si antes el sexo era un tabú y estaba mal visto, ahora lo es comer por placer, no seguir la moda, o – increíble pero cierto- envejecer. Como si las funciones biológicas fueran un campo de batalla contra el que pudiéramos luchar para cumplir la norma que el capitalismo nos impone.

Wolf compara en el libro los mecanismos de adhesión a la belleza con los que utilizan las religiones y sectas para captar adeptos y que sigan sus enseñanzas, y leerlo da bastante miedito a la vez que resulta totalmente revelador. Curioso paralelismo si tenemos en cuenta que la religión es la que más margina a las mujeres y demás identidades no normativas de su estructura general.

Pero la batalla de este ensayo de Wolf no es en contra de que nos cuidemos y de que hagamos lo que queramos con nuestros cuerpos, porque precisamente es eso, que podamos hacer lo que queramos con nuestros cuerpos. Que podamos vivir en paz dentro de nuestras identidades sin que ello suponga una insatisfacción eterna que nos impida conseguir cualquier otra cosa en nuestra vida.

El libro de Wolf se centro en cinco puntos claros de ataque : trabajo, religión, sexo, violencia y hambre. Puntos certeros de control económico de lo que se espera o no que cumplas dentro de la sociedad.

Después del momento culmen de la crisis de la COVID-19, se ha observado un cambio en los hábitos de consumo con respecto a los productos de belleza y los tratamientos estéticos, han aumentado la venta de correctores y máscaras de pestañas, mientras que los pintalabios y el maquillaje han bajado en ventas. Así mismo, se ha observado que durante el confinamiento y después de él, las personas que se maquillaban lo hacen mucho menos, pero otras prácticas, que se tenían más asociadas al condicionamientos social , como por ejemplo la depilación sí se ha mantenido. De igual manera las peluquerías y centros de estética fueron los servicios más demandados cuando volvieron a abrir, demostrando como dice este artículo, que la vanidad (o el condicionamientos social) puede más que el miedo.

Volviendo a El mito de la belleza, Wolf da la mano con Simone de Beauvoir en El segundo sexo cuando habla de las normas de género de las mujeres, de como estos cambios abarcan una variedad enorme de expectativas sociales, incluyendo el aspecto físico, pero a diferencia de las expectativas sociales en los chicos, las expectativas sociales en las chicas y las mujeres normalmente les inhiben de actuar libremente.​

El mito de la belleza de Naomi Wolf es un argumentario para pensar (se), deconstruir y valorar cuales son nuestras acciones diarias, qué hacemos para seguir apoyando y promoviendo unos estándares que nos dañan como sociedad, que dañan nuestras economías particulares, nuestra salud mental y nuestras aspiraciones. A destacar el prologo del libro por parte de Raquel Manchado reconocida en su labor al frente de Antorcha ediciones y la sugerente portada obra de Marta Azparren.

Un momento para sentarse y pensar: ¿ a quién quieres hacer feliz cuando te miras en el espejo? El mito de la belleza está reeditado por Continta me tienes y puedes comprarlo en tu librería preferida o aquí.

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