‘Quién quiere ser madre’ un viaje hacia la maternidad por Silvia Nanclares

Parece que tenemos màs claro el momento en empieza una vida que el momento en que acaba

Nunca seré madre.

Nunca sabré cómo es la cualidad que define exactamente el dolor o el placer de los demás. Ninguno de nosotros lo sabremos. No está todo perdido porque siempre podremos recurrir al inmenso potencial que hay contenido en el ejercicio de la empatía.

Nunca, es una palabra difícil; una idea imposible, un concepto inconcebible. A pesar de que la ciencia médica, las tecnologías de los cuerpos y/o la ingeniería genética se esfuercen a contrarreloj desde hace décadas en romper las costuras de ese nunca, tan soportablemente humano, algo radicalmente sutil contenido en nosotros se les escapa. No sé qué será, ellos tampoco.

Durante las últimas semanas he ido alargando la lectura de la novela de Silvia Nanclares, Quién quiere ser madre (Editorial Alfaguara, 2017), porque no podía asumir que en algún momento llegaría la última página. No quería despedirme de la historia y de todas las voces que habitan en ella. Hay un acto de generosidad en la escritura de Silvia, en realidad hay concentrados muchos actos de generosidad en su novela. Me he sentido atravesado leyéndola, profundamente interpelado.

Quizás porque hemos paseado por las mismas calles, porque  “somos viejos vestidos en ropas de jóvenes”  o casi seguro porque pertenecemos a la misma generación; esa que fue aplazando decisiones porque nos educaron en que el mundo entero iba a ser para nosotros e iba a estar esperándonos con los brazos abiertos para indicarnos dónde sentarnos para disfrutar del éxito.

De repente, algo se torció; la precariedad, vulnerabilidad de nuestros cuerpos y el tiempo detenido era lo que estaba detrás de las puertas del futuro. Tampoco sé si esto que escribo es del todo cierto.

Lo que sí sé es que he encontrado en esta novela un deseo inmenso. También un adiós que no lo es, porque es un para siempre. Y esas palabras que son un calmante puro para el corazón cuando describe el proceso del duelo y sabe que algo está cicatrizando cuando: Un día te ríes sin querer de nuevo con todas tus fuerzas y te das cuenta de que has recuperado tus pulmones. Y respiras hondo. Al fondo siempre quedará una reminiscencia de los alveolos de tu época de vida de pez, pero ya estás en la orilla, secándote. Y se va secando la pena, esa tristeza húmeda. Pero sabes que no habrá cabida para el olvido, porque esa persona que ya no está de este lado del mundo fue importante, absolutamente imprescindible.

De mujeres que quieren ser madres, de mujeres que no quieren serlo, de parejas con las manos entrelazadas que anhelan ser una unidad sin fisura. De amigas que saben leer en tu mirada, de madres que deciden comenzar un viaje en solitario porque necesitan estar consigo mismas después de mucho tiempo sin haberse detenido en escuchar su voz interior. De los cuerpos de las mujeres, siempre los cuerpos de las mujeres: examinados, analizados, enjuiciados. De lo que no se habla de esos cuerpos, o se habla demasiado bajito y debería gritarse.

Siempre me he preguntado por qué las mujeres todavía tienen que vivir con los dolores provocados por la menstruación sin que se haya inventado un fármaco lo suficientemente potente para paliar ese dolor más de lo que se ha hecho hasta el momento. De la fertilidad, de la infertilidad, de eso que muchas y muchos crecimos pensando sobre los embarazos en mujeres jóvenes como signo de “fracaso”, de “mujeres sin recursos o con falta de suerte”, otra pregunta sobre el porqué nos hicieron creer eso.

De la palabra alemana Kinderwunsch que condensa en un solo término el deseo de ser madre. Del deber, del querer, de todas las historias contenidas en esta historia, de la necesidad: de compartir sensaciones con otras personas que están en la misma situación que tú.

Llevo semanas leyendo Quién quiere ser madre, semanas pensando en eso que escribe sobre que: todo lo que rodea a la salud y el cuerpo de la mujer, a la cultura asociada a su género, está devaluado. Pero peor que la devaluación es la negación. Esa negación, que ya no lo será más tras leerlo porque Silvia Nanclares ha afirmado el cuerpo de las mujeres, ha planteado cuestiones que era de justicia y de honestidad obligada dejar por escrito.

Deseo y más deseo. Vida y más vida. El nunca se convertirá en siempre tras leer Quién quiere ser madre. Gracias.

Puedes hacerte con este ensayo en tu librería preferida o aquí.

8 thoughts

  1. Menudo tema complicado abarca esta obra, no? Algo tan personal y tan profundo coml la maternidad y la manera de vivir y sentir el cuerpo femenino o la feminidad, ser madre es una “obligación” social? Todas las mujeres han de tener ese deseo? Y… cuando te quedas embarazada… por qué el “pariras con dolor ” sigue siendo la opcion mejor valorada por los terceros que claro… no pasarán por ese dolor… . Me parecen cuestiones muy interesantes y necesarias reflexiones para naturalizar a la mujer y su naturaleza. Gran recomendacion. Gracias!

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  2. Whoa, me ha llamado mucho la atención el tema que abarca la novela. Desde el título se nota que será reflexiva y que pondrá en duda algo que, de alguna manera, ha maldecido a la mujer a ser menos en la sociedad. Voy a buscarla para darle una leída. Me gustó tu reseña, me perdí en la reflexión que haces.

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  3. Pedazo novela, me ha gustado mucho tu entrada, me parece un tema muy complejo y complicado, cada mujer es un mundo, un caso distinto con sus circunstancia, y todas respetables. No se puede criticar a nadie por decir que sí o no la maternidad, solo ella sabe por qué.
    Fantástica novela y entrada del blog
    Saludos

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  4. Hola!
    Me parece una obra muy interesante y más en los tiempos que corren en donde el hecho de ‘ser madre’ depende de tantas variables y tan diversas entre sí. Creo que es clave leer estos libros para poder formarnos una opinión propia y conocer qué es lo que sienten y piensan los demás.
    Un abrazo!! ^,^!!
    ELEB

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  5. Es una reseña muy bella. Suena como una novela dura por el tema que abarca, pero al mismo tiempo como una lectura a le debo darle una oportunidad. Son temas complejos por la diversidad de pensamientos que hay al respecto.

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