Las claves para librarse de un crimen según Annalise Keating

De acuerdo con las lecciones del crimen de Annalise Keating, abogada defensora y profesora de derecho penal en la Universidad de Middleton, hay tres pasos para salir eximido de un asesinato: 1) desacreditar a los testigos, 2) encontrar nuevos sospechosos y 3) enterrar o hacer desaparecer la evidencia. La potente fiereza, astucia y sagacidad de Keating en los tribunales es puesta a prueba a lo largo de seis temporadas. Además, los cinco estudiantes que elige por ser los más destacados de su clase matan a su esposo desencadenando una serie de crímenes, asesinatos, intrigas, engaños, fraudes y suculentas subtramas aderezadas con sensualidad, sexo, justicia, intriga y poder.


Creada por Peter Nowalk y producida por Shonda Rhimes, How to get away with murder trata sobre la prestigiosa abogada penalista Annalise Keating, las aventuras de cinco de sus más brillantes estudiantes, los tormentosos secretos de sus dos colaboradores más cercanos, así como de los sinsabores y calamidades de sus amantes y clientes. La serie es un cóctel que mezcla hábilmente los elementos de un juego de misterio que vamos resolviendo por medio de pistas en cada capítulo, al mismo tiempo que pequeños relatos van tejiendo la trama que liga distintas vidas unidas por la pasión, las mentiras, el drama y el asesinato.

*ojo spoilers*

Cada temporada se distingue por tener un misterio principal ambientado en una escena del crimen, que va hilando su progreso al mismo tiempo que vamos descubriendo pequeños y sucios secretos de la vida de cada protagonista. Así, habrá crímenes y asesinatos en la casa de nuestra querida abogada, en una refinada mansión, en un trágico incendio, durante la celebración de una boda gay, en una importante firma privada de abogados durante una fiesta, para finalmente resolver el misterio supremo de la serie en la temporada final: ¿quién mato a Annalise Keating?


Pero la serie no son sólo crímenes sangrientos y la emoción de descubrir al asesino de turno, sino que además sus capítulos exponen particularmente las dimensiones éticas, morales y jurídicas que giran entorno a los hechos delictivos, así como las variabilidades sociales, económicas y subjetivas implicadas en los sistemas de justicia penal de nuestra época. Sin contar demasiado sobre la trama completa y tratando de evitar los spoilers, no puedo evitar mencionar que cada temporada permite vislumbrar la complejidad de las luchas de las mujeres negras en relación con sus contextos materiales donde se trenzan las opresiones de la raza, la clase y el género.

Pero la serie no son sólo crímenes sangrientos y la emoción de descubrir al asesino de turno, sino que además sus capítulos exponen particularmente las dimensiones éticas, morales y jurídicas que giran entorno a los hechos delictivos, así como las variabilidades sociales, económicas y subjetivas implicadas en los sistemas de justicia penal de nuestra época

Veremos a Annalise en una travesía vital que la lleva desde el glamour de usar finas pelucas, ropa elegante y espléndido maquillaje que luce impecable cuando da sus cierres extraordinarios en los tribunales, para luego ser testigos de cómo es quemada su casa, encerrada en prisión siendo culpada de crímenes que no cometió, para finalmente acompañarla en el dolor y la pena proveniente del asesinato brutal de sus hijos e hijas en un mundo injusto plagado de avaricia, venganza y rencor.


Del mismo modo, cada uno de sus cinco destacados estudiantes nos ofrecen otras historias igual de intensas y con sus propios claroscuros. Wes Gibbins, Laurel Castillo, Connor Walsh y su novio Oliver Hampton, Michaela Pratt y Asher Millstone se vuelven parte de un thriller que opera como telón de fondo para abordar la homofobia, los dilemas morales de la justicia, el VIH, las relaciones amorosas, cómo ser un buen estudiante, el porvenir y el deseo por dejar atrás el pasado, aunque siempre los cadáveres se resistan a ser enterrados y el tormento de la memoria se oponga al olvido.


En el caso de los colaboradores de Keating, tenemos a los personajes de Bonnie Winterbottom (una hábil abogada que intenta pasar página de un doloroso pasado), Frank Delfino (guardaespaldas, sicario y espía con un turbio origen que se revela casi al final de la serie) y, a partir de la cuarta temporada, a la exquisita e inteligente abogada lesbiana Tegan Price. Cada uno de los personajes tiene un crecimiento y desenvolvimiento particular en el transcurso de la serie y además en su conjunto nos harán dudar en más de una ocasión sobre si sentir empatía, odio o compasión por ellos, sus actos y motivaciones, al ser siempre antagónicos versátiles y dinámicos.


Finalmente, la magnífica actuación de Viola Davis nos deja para la posteridad un personaje entrañable, cuyos discursos, personalidad y fuerza son una auténtica inspiración para el presente y el porvenir. Luego de la caída lenta y brutal de Annalise Keating en la miseria, el alcoholismo, el desamor, la violencia sexual, la depresión que la lleva al borde del suicidio, la veremos renacer más brillante, potente y arrasadora, con dos momentos icónicos que me gustaría mencionar. El primero es cuando gana una demanda colectiva en la Suprema Corte de Justicia, tras argumentar ante el tribunal cómo el racismo estructura el complejo industrial de las prisiones modernas, subrayando que esa estructura de dominación institucional es parte de las raíces de la violencia en los modelos de los Estados, segregando y reproduciendo injusticias sociales, desigualdad y muerte.

Con su victoria al denunciar que el funcionamiento del sistema legal es en realidad injusto, también ejemplifica que la enseñanza, transmisión e impartición de justicia cumple una función política precisa y que es necesario hacer críticas sobre las leyes, los códigos, las legislaciones y las jurisprudencias vigentes en nuestros contextos situados. El segundo momento es su discurso de defensa final en la última temporada cuando de manera digna, con absoluta coherencia y expresando las convicciones más profundas con valentía, declara conmovedoramente quién es verdaderamente la misteriosa Annalise Keating:


He llevado una máscara cada día de mi vida. En la escuela era una sonrisa fingida para gustarle a los chicos. En la Facultad me cambié el nombre. En mi trabajo llevo tacones, maquillaje y una peluca. Y cuando me casé no dudé en convertirme en una Keating. Y todo eso fue para crear una versión de mí misma que el mundo pudiera aceptar. Pero estoy harta. He hecho muchas cosas malas. He coaccionado a testigos, he hecho que clientes mientan en el estrado, he atemorizado estudiantes hasta las lágrimas, he manipulado a jurados como ustedes. Pero no soy una asesina. Soy una superviviente. Sobreviví a que se burlaran diciéndome negra cuando estaba en la escuela. Sobreviví al abuso sexual de mi tío cuando tenía once años. Sobreviví a perder a mi primer amor, Eve, porque estaba asustada de ser gay. Quien soy es una mujer de 53 años de Memphis Tennessee llamada Anna Mae Harkness. Soy ambiciosa, negra, bisexual, enojada, triste, fuerte, sensible, asustada, feroz, talentosa, agotada, y estoy a su merced.


Entre la gran cantidad de productos ofertados al consumidor multimedia –desde el porno hasta los videojuegos, pasando por las películas, los documentales y los noticieros– las series parecen seguir siendo una de las opciones más elegidas para ocupar las noches y los fines de semana. Como toda producción de entretenimiento de nuestro tiempo, los relatos de las series tienen la posibilidad, más que de retratar fielmente la realidad, de inventar nuevas ficciones que modifiquen nuestro imaginario colectivo. How to get away whith murder ha redefinido las series mostrando que originalidad, entretenimiento y consigna política pueden ser tanto elementos lúdicos como reflexivos de las tecnologías de la visualidad en nuestra era de mutaciones planetarias y en los procesos de reinvención de las estrategias del poder para el devenir de la justicia.

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