Relato de un crimen

En las primeras horas del 27 de diciembre, el escritor L. A. D. fue encontrado muerto, en medio de un charco de su propia sangre, en una habitación de un conocido hotel ubicado en el #27 de la calle Amberes, en la zona rosa de la Ciudad de México. La macabra escena fue descubierta por la empleada de limpieza del hotel. 

Su cuerpo desnudo fue despedazado, las extremidades se encontraron repartidas en el jacuzzi, la cama, la sala y el balcón. Su tonificado torso presentaba cortes profundos de bisturí y sus músculos señas de tortura. La única parte intacta de su cuerpo era el rostro. En la habitación se encontraron varios libros, objetos personales, un laptop, tres botellas de vino e indicios de consumo de sustancias ilegales, así como preservativos usados. De acuerdo con las declaraciones del personal del hotel, la noche anterior hubo varias personas en la habitación, presuntamente cinco hombres. 

Conforme avanzan las investigaciones, no se descarta que la víctima conociera a sus asesinos, e incluso que fueran algunos de sus amantes. Es complicado afirmar si se trata de un crimen sexual, un crimen de odio, o ambos. Días después, aparecieron en internet videos y fotografías de los momentos previos al asesinato, el sangriento desmembramiento del cadáver y el montaje de la horrible escena. 

Conforme avanzan las investigaciones, no se descarta que la víctima conociera a sus asesinos, e incluso que fueran algunos de sus amantes. Es complicado afirmar si se trata de un crimen sexual, un crimen de odio, o ambos.

La necropsia reveló que la causa de la muerte fue una sobredosis de barbitúricos, y además se encontró la presencia de alcohol, cocaína y MDMA en su sangre. Una filtración de información extraoficial en la prensa ofrece indicios sobre la hipótesis de que no fue un crimen, sino un extraño y perverso acto de amor. Al parecer, los perpetradores del acto fueron los cuatro esposos de L. A. D., ahora desaparecidos, pues huyeron de México con rumbo desconocido. El escritor era famoso no sólo por sus polémicos estudios académicos, sus extravagantes conferencias y sus peculiares novelas, sino también por su vida privada, pues era por muchos conocida la relación poliamorosa que mantenía con cuatro hombres, con los que de hecho, amparado por las leyes del Estado Español, había conseguido casarse legalmente. 

Entre los documentos filtrados se encuentra también un diagnóstico de cáncer en fase terminal, cuyo pronóstico era desalentador, sólo dos meses de vida como máximo y con tratamientos paliativos invasivos. De acuerdo con los registros del hotel, la reservación de la habitación donde todo ocurrió fue hecha a su nombre y para cinco personas con varias semanas de anticipación, el mismo día de la notificación del fatal diagnóstico. A lo anterior, se suma que las amistades cercanas al escritor recibieron algún detalle, mensajes o cartas de despedida. ¿Podría ser posible que nos encontremos ante una forma particular y personal de última voluntad? Todo indica que la filtración de las grabaciones e imágenes fue parte también de ese último deseo. 

Lo más desconcertante de los documentos filtrados, son las fotografías de la escena del crimen, en las que se ven guantes negros de cuero y látex, prendas de vinil, máscaras de temática BDSM, así como algunos libros colocados meticulosamente alrededor del cadáver. También se encontraron en la habitación nardos, alcatraces y gardenias, sus flores favoritas. 

Lo más desconcertante de los documentos filtrados, son las fotografías de la escena del crimen, en las que se ven guantes negros de cuero y látex, prendas de vinil, máscaras de temática BDSM, así como algunos libros colocados meticulosamente alrededor del cadáver.

La frase con la que cierra su última columna publicada en Libération, un día antes, añade otra pieza al enigma: Todos vendrán a mi funeral para asegurarse de que siga muerto. En ese instante mi alma se fundirá con el olvido y seré un suspiro del viento, un rayo del sol, una gota de agua en medio de la tempestad. Esas serán mis caricias en el tiempo luego de irme antes que ustedes. La confusión, el frío y el negro imponente de la noche siempre fueron mis signos. Esa para mí es la vida otra y la pulsación del deseo

Por supuesto, la vigorosidad con la que escribo este relato es ficticia.  

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