Veintiún años con el Manifiesto contrasexual de Paul B. Preciado

Hacer referencia a la filosofía queer, a lo que verdaderamente ha sido
o a lo que podría ser es difícil. ¿Cuáles son los textos que deben formar
parte de ella? ¿Dónde encontrar las mujeres que aún recuerdan los
orígenes de un movimiento sexual político radical? ¿Cómo encontrar el
hilo anglosajón que permite comprender la cadena lesbiana francesa?
En esta búsqueda retrospectiva, cada informador tiene el rostro petrificado
de Ruth, que sabe muy bien que su lengua de sal no le será de
ninguna utilidad para narrar lo que ha ocurrido. Hablar de masona
queer es viajar guiada solo por una cartografía invisible y, finalmente,
en la ausencia de solución en el horizonte, inventarse el Archivo
.

Paul B. Preciado

Tres días antes de la toma de la Bastilla en Francia, Arnoux de Saint-Maximin descubrió en la celda del Marqués de Sade el rollo del manuscrito de las 120 jornadas de Sodoma, escondido a su vez en un godemichet, un dildo hueco y artesanal de madera de ébano hecho para masturbarse que también funcionaba como un estuche anal. Fue en un cofre anal de madera con forma de dildo, donde Sade escondió el escrito original de Las 120 jornadas de Sodoma, hundiéndolo entre uno de los agujeros de su celda, entre los muros de la Bastilla. Ese rollo sobrevivió a los saqueos de la revolución francesa y a los disturbios del paso de los siglos. La historia narrada en los doce metros de papel hechos de pequeños pergaminos pegados entre sí, escrita por ambos lados con tinta negra, ha sobrevivido hasta nuestros días inspirando la imaginación erótica. 

Con este relato Paul B. Preciado inicia la nueva introducción del Manifiesto contrasexual, enfatizando que los dildos y los libros tienen en común ser artefactos políticos de transformación y experimentación subjetiva para sus usuarios y sus lectores, donde el placer, la escritura, la imaginación y el deseo son las armas más poderosas de una revolución. “Como un dildo, un libro es una tecnología cultural de modificación del cuerpo y de la subjetividad de su lector o de su usuario”. De acuerdo con Preciado, la lección del texto más desafiante de Sade es que un dildo puede resguardar libros secretos, y a la vez, un libro puede ser el contenedor de dildos que penetren a profundidad y con placer los cuerpos de los sujetos deseantes que estén dispuestos a usarlos. 

Del mismo modo que Sade se procuró la fabricación de dildos y usó la escritura de narrativas literarias disidentes teñidas con sexo, tinta, sangre y placer como una forma de libertad, Preciado se procuró un libro en el que el dildo, la historia de sus usos y la política de su teorización se volvieron el eje central de un protocolo filosófico de investigación y experimentación con tecnologías del placer. 

Originalmente concebido como un texto para Jacques Derrida, publicado primero en Francia en la colección de Ballard Le Rayon Gay dirigida por Guillaume Dustan, y luego traducido al español por Julio Díaz y Carolina Meloni, el Manifiesto contrasexual es un contramanual del uso del cuerpo, un ensayo filosófico experimental y un protocolo de investigación queer, escrito en otro tiempo en el que Paul, en sentido administrativo y legal, era otra persona llamada Beatriz Preciado

En Reflexionando sobre el sexo. Notas para una teoría radical de la sexualidad, Gayle Rubin plantea que en nuestras sociedades opera un sistema político que organiza las prácticas sexuales y les otorga un significado social a partir del contexto cultural. Rubin propone la necesidad de crear teorías radicales sobre la sexualidad que apunten hacia la justicia erótica y la erradicación de la violencia que produce nuestro sistema de organización cultural sobre el sexo, el género y el placer. El punto más importante del texto de Rubin es que la sexualidad es siempre política y que hay periodos históricos en donde sus códigos culturales, normativas sociales y simbolización de sus prácticas son renegociados y a su vez dichas renegociaciones pasan por procesos de transformación subjetiva, por lo que es necesario crear nuevas metodologías de investigación sobre su campo.

Hay una política en los procesos de la sexualidad y en sus manifestaciones sociales. Esas economías políticas del sexo son los motores, en ocasiones, de los procesos de transformación social y tienen consecuencias patentes en el entorno material donde habitan las poblaciones. Su estudio requiere no sólo una visión amplia y libre de prejuicios, sino también que el investigador se involucre con sus experiencias como sujeto atravesado por las tecnologías de producción de subjetividad actuales.

Hay una política en los procesos de la sexualidad y en sus manifestaciones sociales. Esas economías políticas del sexo son los motores, en ocasiones, de los procesos de transformación social y tienen consecuencias patentes en el entorno material donde habitan las poblaciones.

En este sentido, la propuesta del Manifiesto contrasexual de Preciado apunta a la escritura de una teoría de los anormales elaborada desde la periferia por los sujetos queers y mutantes. La contrasexualidad propone una nueva teoría del cuerpo y de la sexualidad, entendiéndolos como archivos somáticos vivos constituidos por tecnologías múltiples que son posibles de ser reconvertidas, agenciadas críticamente y resignificadas. La principal herramienta que propone la contrasexualidad para la producción de conocimiento situado, y por lo tanto para la reinvención del uso de los placeres y del fin de la naturaleza como ficción normativa, es el cuerpo del sujeto como experimentador de afectos, deseos y placeres. Ese saber resultante es justamente desterritorializar el cuerpo propio en singular y compartir conocimiento en plural a través de las redes de las micropolíticas del deseo y los comunismos somáticos. 

En los “Principios de la sociedad contrasexual”, Preciado propone la resignificación del cuerpo mediante la puesta en marcha de investigaciones experimentales con prácticas high-tech, con el objetivo de inventar, encontrar, proponer, formular, concebir, nuevas formas de sensibilidad y afecto, así como maximizar las superficies eróticas y favorecer el desarrollo, teorización y producción de saber-placer. Para Preciado la contrasexualidad es al mismo tiempo la deconstrucción sistemática de la idea hegemónica y universal de Naturaleza, la investigación de nuevas formas de experimentar y teorizar las prácticas de intensificación de placer y la invención de nuevas tecnologías para una transformación radical de los cuerpos. 

Ante las fronteras del régimen político de la heteronormatividad necro-bio-psico-política, la contrasexualidad propone 1) una nueva significación del cuerpo entendiéndolo como un archivo somático vivo y reivindicando la equivalencia (y no la igualdad) entre los cuerpos hablantes, lo cual quiere decir que a todo sujeto debe garantizársele el acceso a las técnicas de enunciación, sitios de gestión y lugares de gubernamentabilidad; 2) una nueva epistemología diversa y variada con múltiples formas de hacer investigación y producir saber y conocimiento sobre la sexualidad, las tecnologías del género, el erotismo y el placer; 3) una nueva forma de diversificar la producción del conocimiento mediante la experimentación, el registro y la teorización del saber-placer; y 4) una nueva forma de contrato social entre cuerpos hablantes fundado en la equivalencia comunitaria, produciendo una mutación y diversificación de los lazos sociales, las formas de vinculación y filiación, y de las sociedades en devenir.

En las páginas del Manifiesto contrasexual encontraremos una genealogía de los juguetes sexuales, una arqueología de los dildos y ejercicios teóricos de deconstrucción del sexo, la sexualidad y el género que serán pensados como técnicas, discursos y prótesis biopolíticas, cuyo análisis permite localizar la construcción y artificialidad de los cuerpos, la heterosexualidad y las ficciones de la masculinidad y la feminidad. “Este es un libro sobre dildos, sobre sexos de plástico y sobre la plasticidad de los sexos”.  El dildo no es la imitación del pene, ni el falo es la suplencia de una falta como proponen algunas versiones de la metáfora de la castración en el psicoanálisis. El pene es un dildo de carne, y el dildo es una operación de corte y pegado en la construcción de los cuerpos generizados y por lo tanto inmersos en un mar de significantes arbitrarios en juegos semánticos de suplementos, mímesis e imitaciones. En el reverso del sistema heteronormativo y de la diferencia binaria de los géneros, encontramos que el dildo antecede al pene y lo que produce es sexualidad, orgasmos, excitación, estéticas corporales y más interesante aún, los andamios del sistema sexo-género. 

El dildo no es la imitación del pene, ni el falo es la suplencia de una falta como proponen algunas versiones de la metáfora de la castración en el psicoanálisis. El pene es un dildo de carne, y el dildo es una operación de corte y pegado en la construcción de los cuerpos generizados y por lo tanto inmersos en un mar de significantes arbitrarios en juegos semánticos de suplementos, mímesis e imitaciones.

El dildo es un artefacto que permite vislumbrar la artificialidad de los géneros, las tecnologías del sexo y los procesos de industrialización de la sexualidad y de fabricación de los cuerpos en nuestra actualidad. Preciado entiende el sistema sexo-género como un sistema complejo de escritura, y la contrasexualidad tiene también el objetivo de identificar los errores en ese sistema de transcripción y de resignificar sus gramáticas, códigos y variaciones del lenguaje con la intención de reforzar las desviaciones, anormalidades y derivas respecto a los discursos heteronormativos. En este sentido, cuando se toma conciencia de que cualquier parte del cuerpo, incluso el cuerpo en su totalidad y en sus extensiones proteicas, puede devenir potencialmente en un dildo, podemos hablar de prácticas y ejercicios de inversión contrasexual para inventar nuevas gramáticas. 

El ano y el dildo serán los órganos principales para teorizar las potencialidades corporales de erotización en las prácticas de inversión contrasexual que propone Preciado (que incluyen la desgenitalización de la sexualidad vía actividades como “El ano solar de Ron Athey”, “Masturbar un brazo: citación de un dildo sobre un antebrazo”, “Cómo hacer gozar a un dildo-cabeza: citación de un dildo sobre una cabeza”, etc.). La erotización del ano, el estudio a detalle de las distribuciones del poder en las prácticas BDSM, la propuesta de pensar al dildo como uno de los instrumentos principales para la producción de placer, son elementos de la dildotectónica pensada como una herramienta de escritura y reinvención de los efectos de excitación, satisfacción y disfrute sexual, donde la primera dildotopía es el propio cuerpo del sujeto deseante. 

Así, las contradisciplinas sexuales que propone Preciado son tecnologías de resistencia y contraciencias que estudian, investigan y teorizan los usos del dildo. “Hacer de la dildotectónica una rama prioritaria de la contrasexualidad supone considerar el cuerpo superficie, terreno de desplazamiento y emplazamiento del dildo”. En el libro también encontraremos ilustraciones que representan al cuerpo y sus partes como un dildo o múltiples dildos, donde los pliegues, mecánicas y dinámicas son una forma de pensar al cuerpo como territorio político, lugar de escritura y artefacto de subjetivación disidente. 

Siguiendo las principales tesis de Judith Butler, Teresa de Lauretis, Donna Haraway, Jacques Derrida, Monique Wittig, Gayle Rubin y Michel Foucault, Paul B. Preciado le declara la guerra al régimen heteropatriarcal con un terrorismo intelectual preciso, docto e hilarante. Nuestras batallas, la guerra de los mil años que atravesamos, no se pelean con soldados, tanques, fusiles o bombas. Se trata de una guerra epistemológica, discursiva y política en la que los monstruos, los mutantes y disidentes del régimen heterosexual nos reconocemos   como parte de un nuevo paisaje farmacopornográfico donde las lógicas organizativas de plástico y la silicona del dildo son armas estratégicas para la reinvención de las realidades. En dichas batallas estamos peleando por los cuerpos, los afectos, los placeres y la vida.  

Se trata de una guerra epistemológica, discursiva y política en la que los monstruos, los mutantes y disidentes del régimen heterosexual nos reconocemos   como parte de un nuevo paisaje farmacopornográfico donde las lógicas organizativas de plástico y la silicona del dildo son armas estratégicas para la reinvención de las realidades. En dichas batallas estamos peleando por los cuerpos, los afectos, los placeres y la vida.  

Al firmar el contrato de la sociedad contrasexual de Paul B. Preciado, uno acepta voluntariamente renunciar a la condición de la ficción naturalizada de hombre o mujer y a los privilegios de todo tipo que de esa asignación se derivan en el marco del sistema binario de la heterosexualidad y de la diferencia sexual. Al mismo tiempo me reconozco y reconozco a lxs otrxs como cuerpos hablantes equivalentes y como sujetos libres, por lo que acepto mantener únicamente relaciones consensuadas, responsables afectivamente y respetuosas de la multiplicidad irreductible de la vida. Este nuevo contrato social me inscribe en las lógicas de la dildotectónica y de las prácticas de inversión contrasexuales, transformando mi cuerpo en difusor, transmisor y creador de dildos. Dicho orden prostético es una alternativa al poder del tecnopatriarcado, donde los lazos de filiación, las prácticas de cuidado, las epistemologías para producir conocimiento y nuestra noción de deseo es transformada en una diversificación y maximización de las superficies eróticas. 

Pero además, cada aniversario de la publicación del Manifiesto contrasexual es la conmemoración de más de veinte años de revolución y una elegía a los placeres, cuerpos y deseos de aquellxs mutantes que nos precedieron. También es una remembranza para aquellxs que han muerto en la pandemia del sida y un monumento de la memoria para las mujeres, los cuerpos trans y los maricones, las bollos y otrxs anormales y queers que fueron asesinados brutalmente por los sujetos endriagos que encarnan la masculinidad hegemónica y mortífera. Hay un proceso imparable de transformación planetaria en el que se han articulado, durante los últimos veinte años, nuevas formas de agenciamiento de las disidencias sexuales, de luchas activistas y de representación política, así como de reapropiación crítica de las prótesis cognitivas, semioticotécnicas, arquitectónicas y cibernéticas que nos constituyen como sujetos del deseo en la era farmacopornográfica.  

También es una remembranza para aquellxs que han muerto en la pandemia del sida y un monumento de la memoria para los cuerpos queers que fueron asesinados brutalmente por los sujetos endriagos que encarnan la masculinidad hegemónica y mortifera

El Manifiesto contrasexual signa un hito del principio del fin del régimen epistemológico binario de la diferencia sexual y es un acontecimiento político en el devenir de las genealogías de lo queer y los transfeminismos. El verdadero objetivo de la contrasexualidad, además de la reinvención del uso de los placeres, es la experimentación, la creatividad somática, la reapropiación micropolítica del cuerpo y la invención de la libertad. “Este libro comienza con la jubilosa afirmación de que existe una irreductible multiplicidad de sexos, géneros y sexualidades. No empieza con una llamada a la revolución, sino con la compresión de que somos la revolución que ya está teniendo lugar”. La principal lección del libro es que la revolución es ahora y eres tú. Nuestros cuerpos son una materialidad sensorial encarnada que puede transformarse para ser la interfaz de nuevas formas de experimentación de afectos, placeres y posibilidades estéticas. El proyecto de Paul B. Preciado es la mutación, las transiciones, la cooperación planetaria y la poesía somática como políticas libertarias. 

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