‘Las estrellas’ de Paula Vázquez. Un libro sobre el duelo infinito

La verdad es preferible al silencio

Las estrellas, Paula Vázquez

El primer día de octubre, las mariposas blancas y la imposibilidad de que aquel encuentro fuera fortuito o no, mágico. Mientras corría, ellas venían hacía mí, eran muchas, me acariciaban los brazos, pronto supe que era un mensaje de ella, mi tía, que había muerto un primero de octubre de hace ahora unos años. Para siempre quedará aquel abrazo de las mariposas blancas, un mensaje sin palabras lleno de contenido. Y ese recuerdo, que es tesoro profundamente íntimo, ha regresado a mí en las últimas semanas gracias a la lectura del libro Las estrellas de Paula Vázquez (Tránsito Editorial, 2020).

Las estrellas, es un texto cargado de luminosidad, esa luz que podemos encontrar de manera continua en las páginas de un texto que nunca escapa, que no cae en el escondite, que no huye del dolor inherente al fin. Esa oposición a la oscuridad; en el que el duelo nunca es ambiguo, porque es humano, el más humano de los duelos, el de una hija sin madre encarnada, en el que hay la certeza de que: el tiempo alisará esa superficie, como sucede con cualquier cicatriz. El tiempo pasará pero no habrá olvido, porque para eso está escrito este libro para dejar de sentir la velocidad del mundo y sentir a la madre que se aloja para siempre en el corazón. Ante la muerte de alguien muy querido solemos hacer un esfuerzo descomunal por recordar la última vez que: mantuvimos una conversación, que escuchamos su voz, que nos dimos un beso, que estuvimos abrazados,que nos miramos a los ojos, que saboreamos sus platos, que vimos su sonrisa.

Esas últimas veces también están presentes y de manera honesta sin petulancia en las páginas que escribe Paula Vázquez. Escribe más allá, llega a las semanas, a los meses , a los años antes de lo que fue toda esa vida entera de su madre, a todo aquello que la hacía singular. Tras leer el libro, no nos quedaremos cegados por el polvo de los escombros que suelen acompañar a la muerte. La muerte de la madre, esa carne que somos y siempre seremos. Y necesito escribir esas palabras que me hacen temblar: Así como todos nosotros y sus padres y abuelos estaban adentro de mi mamá, hoy ella forma parte de nosotros, está adentro mío, es parte de lo que son sus hijos, su nieta, sus amigas, su hermana, sus primos, todos los que la quisieron. Eso no es un consuelo que se dice al pasar para un momento triste: esto es la ley de la vida y también su misterio.

Gracias, Paula Vázquez, por esa mirada que guarda, y por esa música de Lucio Dalla, Etta James, Leonard Cohen, que me ha acompañado durante la lectura, llevas toda la razón porque son las voces de las cosas graves. No quiero terminar esta reseña sin mencionar la inmensa belleza que acompaña la cubierta del libro diseñada por Donna Salama. Tránsito editoral y sus cubiertas son placer visual inmenso.

Puedes hacerte con este libro en tu librería preferida o aquí.

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