La mujer no es un lobo para la mujer. Ni una loba. Ni nada

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Si algo nos ha enseñado el feminismo mainstream (y por feminismo mainstream entendemos las últimas protestas que viene desde Hollywood y que muchos consideran una moda pasajera) es que esa creencia popular de que las mujeres somos nuestras peores enemigas, es mentira.

Nunca, en los últimos tiempos, desde que el feminismo ocupa gran parte de los medios de comunicación y de las redes sociales A DIARIO, se han visto más mujeres tan unidas como se ven ahora… y todavía hay quien se atreve a criticar eso, o incluso a intentar inmolarlo desde dentro, como hicieron las colaboradoras de Amigas y conocidas con la famosa entrevista a Moderna de Pueblo.

Y con esto sucede como con todo, también se han alzado repentinas voces de una generación con las que alguien puede no estar de acuerdo al 100% en su manera de proceder (hablamos más de continente que de contenido), pero es innegable que cualquiera que use su propio megáfono, tenga este alcance que tenga, para dar visibilidad a temas como la violencia machista, la brecha de género o la conciliación familiar, pues es digno de aplaudir.

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Porque nunca antes tantas mujeres se habían lanzado a las calles para apoyar a otras congéneres, como por ejemplo ha sucedido con los mediáticos casos de Juana Rivas o de La Manada, y como se prevé que suceda el próximo 8 de marzo, día de la mujer trabajadora, en el que hay convocada una huelga feminista. Tampoco nunca antes se había unido un número mayor de mujeres para protestar porque haya más presencia femenina en cargos de responsabilidad o para dejar claro que no somos “un cupo” que hay que cubrir para que todos respiremos tranquilos, o una minoría a la que hay que complacer.

Hoy la palabra sororidad está en boca de todos y, sobre todo, de todas (menos de la RAE, organismo cuyos señores miembros aún no la han aceptado y no sabemos a qué c*ñ* esperan para hacerlo), así que ojalá podamos pronto deshacernos de ese topicazo rancio y casposo que dice que las mujeres somos nuestras peores enemigas porque, spoiler: no lo somos. Y si movimientos como #MeToo o Time’s Up están ayudando a sacudir conciencias y a arrepentirse de actos del pasado, pues benditos movimientos entonces, ¿no?

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