Relato: ¿Con quién compartirás tus sueños?

Escribo estas palabras sin la esperanza de que las leas. Sin embargo, las escribo con el cariño, la ternura y la pasión que me inspira conocerte. No recuerdo con claridad cuándo o cómo fue la primera ocasión que hablamos, pero sí recuerdo que fue a través de esa prótesis digital de la máscara amarilla con un fondo negro. Paulatinamente, de forma intermitente, fuimos conversando y todavía recuerdo cuántas veces rechazamos una cita para vernos. Prefiero no pensar en los motivos, porque sé que me pondré celoso y me sentiré triste. 

No lamento la manera en la que se dieron las cosas hace unos años, porque creo que tu partida me hubiera roto el corazón. Tal vez fue mejor así. Lo que agradezco y me hace sentir afortunado, son tus mensajes diarios, tus fotos, tus videos y tus audios. Gustarle a alguien como tú me hizo sentir especial, con tu mirada sentí que existía y con tu cariño me sentí mimado por el azar.  

Eres un hombre encantador, brillante, inteligente y atractivo. La belleza de tu cuerpo es únicamente comparable con la sinceridad de tu corazón, la gracia de tus ocurrencias y la ternura de tus sentimientos. Me gusta tu voz, tu sonrisa me enamora, tus palabras me cautivan y tu alegría me da un motivo para no perder la esperanza. Es tu cara bonita la alegría de vivir. Eres la ilusión que experimento y el experimento de la ilusión sobre las fantasías del placer.  

Me gusta tu voz, tu sonrisa me enamora, tus palabras me cautivan y tu alegría me da un motivo para no perder la esperanza. Es tu cara bonita la alegría de vivir. Eres la ilusión que experimento y el experimento de la ilusión sobre las fantasías del placer.  

Eres la inspiración para un personaje de la novela que estoy escribiendo y que no sé si un día terminaré o se publicará. Esa inspiración que me provocas es porque imagino cómo sería nuestra vida juntos, lo dichoso que me sentiría de ser tu novio, salir a bailar contigo y dormir juntos. Imagino lo reconfortante que debe ser dormir entre tus brazos, el sabor de tus labios, la textura de tus besos, el aroma de tu sudor, la dulzura de tu semen o el brillo de tu mirada. Quisiera someterte a las más exquisitas torturas y también cuidarte, protegerte y amarte. Oh, qué dicha, qué fortuna, qué venturoso es aquel que logre conquistar tu corazón, cautivar tu cuerpo y recibir tu amor. 

Foto de dos hombres en un fotomatón en 1963

Hace un par de semanas que dejé de recibir tus mensajes, de escuchar tu voz y de saber de ti. Los días que he estado sin tus mensajes para mí han sido una eternidad. El intercambio invariante de comunicaciones que sostuvimos durante estos años, con sus pequeñas y acentuadas excepciones, me hacían sentir acompañado por tu esencia.  Hice una rápida relectura de algunas de nuestras conversaciones y me sorprendí gratamente de encontrar una crónica detallada de nosotros en el transcurrir de la vida cotidiana. Nuestro chat es como un retrato de las noches que soñamos con amarnos. 

Quisiera tener las palabras adecuadas para consolarte, para aliviar tu dolor, mitigar tu tristeza, pulverizar tu frustración o apaciguar tu cansancio. Quisiera poder transmutar tus angustias en deseos y esos deseos transformarlos en placeres. Mi deseo es que un día puedas desearme. Mi deseo es que yo un día pueda cuidarte. Me avergüenzo de no saber actuar con madurez, de no saber si la distancia es una oportunidad o una maldición para nosotros. Ante la escritura de la fantasía, los anhelos del futuro y las ganas locas de conocerte, soy vulnerable. Me pregunto si nuestra historia de amor nos pertenece. ¿Hay acaso una historia que contar o es que acaso me invento otra realidad? 

Quisiera tener las palabras adecuadas para consolarte, para aliviar tu dolor, mitigar tu tristeza, pulverizar tu frustración o apaciguar tu cansancio. Quisiera poder transmutar tus angustias en deseos y esos deseos transformarlos en placeres.

Es curioso escribirte, porque no te he visto nunca en persona, pero siento que he compartido mucho de mi vida contigo y el cariño que te tengo es tan familiar e insólito, que lo pienso como un enigma del tiempo, la nostalgia y el afecto.  Nuestros mensajes son una forma de sostener un vínculo y el ritual de escribirte es el performativo que lo sella para mí. Quisiera seguir viviendo en los mensajes, habitar en tus fantasías y nunca perder el hilo de nuestras crónicas. 

Sé que eres arrogante, lo intuí desde el principio, y eso te vuelve muy sexy a mis ojos. Por tu causa volví a escuchar todas esas canciones que hablan de amores imposibles, de rupturas no consumadas, de impulsos furtivos y de febriles fulgores. Imagino que si eres una persona que ha provocado el torbellino de sentimientos en mi vida, mi cuerpo y mi alma con tan solo sencillos mensajes de conversaciones interminables, debes ser un hombre deslumbrante. 

Quiero arder contigo hasta desintegrarnos en las flamas del infierno y renacer a tu lado cada crepúsculo. Quiero emerger de las cenizas cada mañana, para teñir con luz y cariño tus días. Quiero curar tus alas para volar juntos rumbo al infinito por los caminos de la eternidad. En las madrugadas, cuando no puedo dormir, le hago una pregunta a la luna: ¿Con quién compartirás tus sueños? Quiero acercarme a ti con los signos del colapso y la energía de las estrellas. En el cielo nocturno eres el resplandor de un cometa. Entre las quimeras de los horrores eres el deseo que no me deja despertar. Entre las sombras de la noche eres la claridad del amanecer.

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