‘Las chicas del cable’ es algo más que un ‘guilty pleasure’

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Las chicas del cable, ambientada en el Madrid de finales de los años 20, es la primera serie española creada para Netflix. La historia transcurre en una compañía telefónica, y aunque se centra en las vidas de cuatro telefonistas, las tramas van mucho más allá.

Es esa típica serie regulera, que puede que empieces a ver porque no hay nada mejor y no te apetece pensar… pero que termina enganchando.
No es que los actores sean especialmente brillantes, porque la mayoría de ellos son los cachorros patrios televisivos que copan el 90% de las ficciones, ni que nunca hayas visto un guión parecido, porque más o menos es el típico “chica pobre con ambiciones y un oscuro pasado se enamora de chico rico y, de repente, todo se complica”. Pero tiene un noséqué que hace que veas otro capítulo. Y otro, y otro. A lo señora que ve la novela, pero en versión guay porque está en Netflix.

Vamos, que Las chicas del cable es un guilty pleasure. Además de porque el vestuario y los peinados son chulísimos, porque es una serie llena de protagonistas femeninas que están hasta el coño de todo y quieren romper con lo establecido.

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Hay de todo:
Carlota (Ana Fernández) es una niña bien que quiere independizarse, aunque eso implique rebelarse contra su familia… y además, en el proceso de independencia, descubre que le gustan tanto las chicas como los chicos y comienza una relación de poliamor llena de matices.

Marga (Nadia de Santiago) es una chica que nunca ha salido de su pueblo y, aunque parece que Madrid le viene grande al principio, con el paso de los capítulos es uno de los personajes más sensatos (y el punto de comedia necesario en un dramón como este).

Ángeles (Maggie Civantos) es una mujer sumisa y maltratada que dice Basta ya (¡y de qué manera!) gracias a la ayuda de sus amigas.

Lidia (Blanca Suárez) es una mujer llena de secretos de la que, si os revelamos el más mínimo dato, os hacemos un spoilerazo, así que chitón.

Además de una lección de sororidad, en esta serie se visibilizan situaciones que, si bien existían en los años 20, ninguna ficción ambientada en esa época ha visibilizado, como homosexualidad, bisexualidad, transexualidad, malos tratos… Las chicas del cable es una serie llena de mujeres que no dejan que nadie les pase por encima, de mujeres con ambición, fuertes, que luchan por sus intereses… Y sí, puede que los actores sean mediocres, puede que el ritmo de la historia no sea el adecuado para verla en modo maratón como solemos hacer con las ficciones de Netflix, puede que sea una novelilla que no innove en nada y puede que el rollo años 20 con música de ahora ya nos lo intentase colar Leonardo DiCaprio en El gran Gatsby y ya entonces no funcionase… pero Las chicas del cable es importante por la lección de feminismo que nos da que, sin duda, va mucho más allá del mero placer culpable.

*Ya puedes ver las dos primeras temporadas y, actualmente, está rodándose la tercera.

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