Las grietas de la noche

Que los cuates no se quieran tampoco es algo nuevo, hay hermanos que no se
toleran, hay hermanos que se matan, y otros, como mi tío Marco, que abandonan a las
suyas a punto de ser asesinadas. La casa de mis abuelos ya era un infierno antes de
que el fuego y la pólvora le consumieran una parte
«Una grieta en la noche», Laura Baeza

Una especie de miedo a lidiar con lo que convencional y vagamente entendemos por «realidad» hila las seis historias que componen Una grieta en la noche (Páginas de espuma, 2022), un volumen de cuentos en los que Laura Baeza pone el foco en lo insólito que se haya dentro de nuestra cotidianeidad: situaciones ocultadas por otras que normalmente destacan en la rutina de cada día.

Ambientados en el México del presente —la mayoría en la capital de este país—, estos relatos narran las vivencias de un grupo de personas que por diversas condiciones se ven obligadas a vivir situaciones de peligro y de violencia, ya sea por un sistema y una sociedad precisamente violentos —donde son asumidos como corrientes el crimen, el narcotráfico y la corrupción— o por la inseguridad de un entorno que no debería serlo, como es el familiar. Un asunto este último que llama poderosamente la atención: las relaciones entre hermanas, hermanos, padres, madres, abuelos y abuelas son el motor de la mayor parte de los textos. Para quien escribe, haberlos leído justo en plenas Navidades, una época de excesivas reuniones familiares —donde toca compartir espacio con aquellas y aquellos que no te caen precisamente bien y te hacen sentir incómodo—, me ha tocado especialmente, aunque estoy seguro de que no seré la única persona que empatice en este aspecto con el libro —como bien dice el manido refrán: en todas las casas cuecen habas—. Por otro lado, lo insólito y lo fantasmal tienen mucha presencia, aunque no a la manera tópica del relato de terror sobrenatural. Lo fantasmal se ve en el relato que da nombre a la antología, como se aprecia en el carácter ausente del tío Marco y en las cicatrices no cerradas de su hermana, quien tiene que lidiar con un hecho traumático ocurrido muchos años atrás y que retorna y le atormenta como si su cuerpo fuera el castillo de una novela gótica. Lo mismo sucede en el misterioso asesinato de la bruja Macaria y los sospechosos de cometerlo —«Veladoras»— o incluso en la historia de la Chinche, a quien se ve fregando las mesas de un local mientras vuela a su alrededor el espíritu de su pasado a través de testimonios ajenos —«Quinto round»—. Pero no se trata de una simple compilación de cuadros en los que se retrata la crudeza del día a día sin más, pues el empeño de los personajes por salir de situaciones extremas o de pobreza supone un halo de esperanza, aunque sea a través del sueño de convertirse en un famoso boxeador, como ocurre en «Quinto round».

Para quien escribe, haberlos leído justo en plenas Navidades, una época de excesivas reuniones familiares , me ha tocado especialmente, aunque estoy seguro de que no seré la única persona que empatice en este aspecto con el libro —como bien dice el manido refrán: en todas las casas cuecen habas—

Da la impresión de que, aunque Laura Baeza quiere dejarnos con el corazón en un puño y
mostrarnos las «grietas» del México de hoy día, no pretende caer en nihilismos ni en mensajes apocalípticos. Y eso es muy de agradecer.

Aunque conectados temática y espaciotemporalmente, cabe resaltar la diversidad de las historias y asuntos tratados en los relatos y el excelente dominio de la narración y de la lengua que muestra Laura Baeza, quien pasa como si nada de un monólogo repleto de jerga del extrarradio en «Quinto round» a la acción simultánea y el contrapunto de «Lady Stardust» o al estilo del diario y del género policiaco en «Veladoras». La naturalidad con la que están contados todos y cada uno de los relatos, con la que pone voz a la diversidad social y de origen de sus personajes, es de envidiar. Precisamente esa simultaneidad de registros produce una rica variedad entre los géneros de los cuentos —del suspense y el terror al policiaco y de investigación— y lo variopinto de sus personajes —boxeadores, médiums, brujas, narcos— y sus temas —conflictos familiares, corrupción, secuestros, desapariciones, pasados traumáticos, satanismo, etc.—. Del mismo modo, cabe resaltar el cómo están descritos los escenarios, el ambiente y los edificios donde transcurren los relatos y cómo tales espacios se relacionan con los personajes que los frecuentan y habitan, la atención a los detalles —un goce para amantes de la psicogeografía, la exterioridad y el reencantamiento de las poblaciones—. Ciudad de México como universo que une en cierta manera los diferentes relatos entre sí —aunque no todas las historias transcurran en ella—, retratando además diferentes zonas de la capital, especialmente sus periferias.

Leer Una grieta en la noche es, pues, como caer por un socavón que nos lleva a la cara oculta de nuestra cotidianidad, de la que no sabemos o no queremos saber pero que no queda más remedio que batallar. Lo insólito como forma de lectura social, de abordar esas otras realidades, porque no hay solo una.

Puedes hacerte con este libro en tu librería favorita o en la web de la Editorial Páginas de Espuma.

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