La Teoría King Kong de Virginie Despentes

Cuanto podía ofreceros es una opinión
sobre un punto sin demasiada importancia:
que una mujer debe tener dinero
y una habitación propia para poder escribir novelas;
y esto, como veis, deja sin resolver el gran problema de
la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela.
Virginia Wolf (2016 [1929], p.10)

Hay mujeres que escriben desde la rabia insurrecta y el deseo por inventar la libertad. Claman a gritos por ser libres al mismo tiempo que denuncian la violencia, las injusticias y el sufrimiento. Sus textos producen un subidón de adrenalina, provocan ganas de salir a la calle y demolerlo todo, de hacer ya mismo la revolución feminista. Virginie Despentes forma parte de ese grupo de escritoras que, por su claridad, lucidez y retórica argumentativa, son provocadoras potentes, enérgicas y poderosas. El libro Teoría King Kong, escrito a modo de manifiesto panfletario autobiográfico, es una espléndida obra que nos interpela desde la fuerza de la poética ensayística. Virginie, proletaria de la feminidad y maquiladora de la literatura, utiliza las tecnologías de producción de verdad de la escritura para teñir con ritmos punk los grandes temas de las agendas feministas contemporáneas. 

Despentes es una mujer que nos habla desde la sabiduría testimonial de la experiencia singular. Desde el inicio de su libro nos declara con orgullo su lugar de enunciación y para quién escribe: 

Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro. […] Prefiero a los que no consiguen lo que quieren, por la buena y simple razón de que yo misma tampoco lo logro. […] Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar como mujer siempre excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado gorda, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril, me dicen. Son, sin embargo, mis cualidades viriles las que hacen de mí algo distinto de un caso social entre otros. […] Pero también escribo para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos, vulnerables, los que prefieren ocuparse de la casa que ir a trabajar, los que son delicados, calvos, demasiado pobres como para gustar, los que tienen ganas de que les den por el culo, los que no quieren que nadie cuente con ellos, los que tienen miedo por la noche cuando están solos. (Despentes 2018, pp.11,13,15-16) 

Virginie Despentes es escritora y cineasta. En 1993 publicó su primera novela titulada Fóllame (Baise-moi). Ampliamente criticada, ferozmente atacada y vehementemente injuriada, la novela fue llevada al cine en el año 2000 bajo la dirección de la propia Despentes en colaboración con Coralie Trinh Thi, teniendo como protagonistas a las actrices porno Karen Lancaume y Raffaëla Anderson. El filme fue censurado, vetado y prohibido por considerarlo “demasiado violento”. Sólo después de un tiempo, y pasados los insulsos ataques contra la película y el libro, la obra en su conjunto fue valorada en su justa medida como un referente de culto. A Baise-moi le siguen Perras sabias (1998), Lo bueno de verdad (2001), Teen Spirit (2002), Bye Bye Blondie (2004) y Apocalypse bébé (2010). Después de décadas de arduo trabajo, varios premios y reconocimientos internacionales, con la publicación de la trilogía Vernon Subutex entre 2015 y 2018, se ratificará la consagración de Virginie dentro del respetable circuito de las letras francesas por su contundencia y radiante originalidad.  

Sin embargo, es desde el 2006 cuando vio la luz por primera vez la obra que hará de Despentes un referente del feminismo. Publicado primero en español por la editorial Melusina, reeditado en una nueva edición en 2018 por Random House, traducido del francés por Paul B. Preciado, Teoría King Kong es un libro que conjunta magistralmente los fósforos para iniciar un incendio masivo de las ficciones somatopolíticas que sostienen el tecnopatriarcado capitalista gore. Virginie recorre, a modo de desfiladero significante, el arte, la música, el cuerpo, la sexualidad, el erotismo y el placer, la violencia y la guerra, las ficciones normativas binarias del género, la raza y la clase, los feminismos, la política y el deseo. Despentes ha hecho de las letras su reino, de la rabia su motor y de la franqueza su estilo.

Virginie recorre, a modo de desfiladero significante, el arte, la música, el cuerpo, la sexualidad, el erotismo y el placer, la violencia y la guerra, las ficciones normativas binarias del género, la raza y la clase, los feminismos, la política y el deseo.

Con una prosa accesible, directa y sincera, Teoría King Kong es una simbiosis entre cultura subversiva, revolución rabiosa, fiesta contestataria, protesta lúdica y feminismo. Navegar por sus páginas nos lleva a cuestionar los ideales ficcionarios de la feminidad hegemónica (sumisa, servil, blanca, heterosexual, esencialista, débil, etc.) y sus cautiverios normativos que van desde la puta promiscua hasta la buena madre y esposa; a interpelar y reclamar por el violento programa de la cultura de la violación en el que se sostiene el patriarcado;  a interrogar la función de la prostitución y su relación con las condiciones de precariedad laboral actuales y las configuraciones culturales del mercado, la economía y el dinero; a analizar los discursos, las gramáticas y las visualidades del porno; así como el lugar político de las mujeres en la literatura, los gobiernos, el arte y la música. 

El libro es una especie de crisol sonoro punk feminista, demasiado prosaico para ser académico, demasiado poético para ser pop, demasiado rock para ser melancólico, cuyas líricas narran y registran experiencias colectivas de un saber personal, siendo a la vez un testimonio, un tratado y un documento que deja huella de un tiempo concreto: el nuestro. De la pluralidad de temas que despliega el libro comentaré puntualmente cuatro: la ficción política de la feminidad, la violencia sexual, la prostitución y la pornografía. 

El libro es una especie de crisol sonoro punk feminista, demasiado prosaico para ser académico, demasiado poético para ser pop, demasiado rock para ser melancólico, cuyas líricas narran un tiempo concreto: el nuestro.

Entre las diatribas que nos lanza la vieja y pedestre virilidad hegemónica a las feministas, destaca su absurdo y patético reclamo que dice que los tiempos de antes eran “mejores”.  Ese anhelo se entrama en la ficción política del modelo de la feminidad hegemónica y prescriptiva al que Virginie nunca se adscribió y del que siempre fue disidente. Ella nos cuenta que desde muy joven exploró los laberintos de la erótica, los recovecos del placer y la sexualidad. Promiscua, viril y orgullosa, ha trabajado desde muy joven para no depender de nadie y tener autonomía sobre su vida. Sin embargo, pronto se tropezó con los mecanismos y dispositivos de control normativo de las tecnologías del género que abundan en nuestras sociedades: la dependencia servil tanto económica como de legitimación social de la figura femenina hacia la masculina, la tendencia a inferiorizar las capacidades intelectuales, cognitivas y creativas de las mujeres, la brecha salarial en los entornos laborales, la jerarquización de los géneros, y la violencia que sanciona a las mujeres que no cumplen esos imperativos culturales. Despentes se interroga, a propósito de la función de la maternidad, las labores de cuidado, así como del trabajo doméstico (todos esos aspectos glorificados y esencializados sobre la condición femenina), sobre cuáles podrían ser algunas vías colectivas de emancipación. Así, por ejemplo, el derecho a la interrupción legal del embarazo es una alternativa viable para escapar del cautiverio de la maternidad obligatoria. 

Virginie resalta que es necesaria una revolución que derrumbe los cánones de género soberanos que actualmente imperan, y que los hombres tampoco se salvan de la subyugación, la violencia y la exposición a muertes brutales y sanguinarias. Al mismo tiempo que los hombres ejercen su necro-derecho soberano sobre el cuerpo y la vida de mujeres, niñas, niñes y niños, los Estados Nación y los carteles del crimen organizado se erogan el mismo derecho de utilizar sus cuerpos y vidas en combates bélicos, con la finalidad de mantener el statu quo capitalista que sólo beneficia – como siempre – a una minoría de hombres blancos pactando las guerras en las economías de la muerte. La masculinidad hegemónica es un pacto kamikaze con efecto retardado, complacientes analgésicos y dulcificantes tóxicos. Las mujeres desde hace mucho que han podido irse librando paulatinamente de los cantos hipnotizantes del amo, pero los hombres, en su conjunto, siguen obedientes y enamorados de su opresión. 

Los hombres denuncian con virulencia las injusticias sociales o raciales, pero se muestran indulgentes y comprensivos cuando se trata de la dominación machista. Son muchos los que pretenden explicar que el combate feminista es secundario, como si fuera un deporte de ricos, sin pertinencia ni urgencia. Hace falta ser idiota, o asquerosamente deshonesto, para pensar que una forma de opresión es insoportable y juzgar que la otra está llena de poesía. (Despentes, 2018, p.32) 

Ahora bien, Virginie Despentes en su obra literaria ha testimoniado de forma novelada su experiencia de violación ocurrida cuando tenía 17 años. Ella misma reconoce esa experiencia como un hecho fundacional en su vida, de lo que es como escritora y como mujer, siendo una temática que prácticamente recorre su producción narrativa. Uno de los momentos clave en Fóllame (Baise-moi) es la violación de dos mujeres perpetrada por tres sujetos a las orillas del río Sena. En Teoría King Kong, luego de contarnos cómo fue violada junto a otra amiga por tres hombres, Virginie despliega algunos puntos cruciales de análisis para la violencia sexual feminicida. El silencio cruzado que hay entre las mujeres que sufren una violación y los hombres que la practican, mutismo sepulcral de ambas partes que censura y pone siempre en duda la palabra de las sobrevivientes al mismo tiempo que las hace sentir culpables. Hecho aglutinador que atraviesa generaciones, clases sociales, épocas. “En nuestra cultura, desde la Biblia y la historia de José en Egipto, la palabra de la mujer que acusa al hombre de haberla violado es una palabra que ponemos inmediatamente en duda” (Despentes, 2018, p. 42).    

Pero además detalla que no es la violación por sí misma, sino el temor que sintió a ser asesinada al momento de ser violada, lo que le ha dejado una huella, un trauma de guerra provocado por “la proximidad de la muerte, la sumisión al odio deshumanizado de los otros, que hace que esa noche sea imborrable. […] La herida de una guerra que se libra en el silencio y en la oscuridad” (Despentes, 2018, pp. 45, 62). Las violaciones no son acontecimientos anómalos, poco frecuentes, o focalizados, sino parte de programas políticos cotidianos del uso de la violencia, tortura y la depredación de la máquina feminicida sobre los cuerpos en nuestra cultura que se sostiene en la segregación binaria de la simbolización jerarquizada de las diferencias anatómicas, cristalizada en las tecnologías del género. Programa político de alta precisión que refuerza los pactos de la masculinidad hegemónica y endriaga, esqueleto del capitalismo tecnopatriarcal, las violaciones, abusos sexuales, las distintas formas de acoso, y los ataques frustrados o consumados, son la verdadera “guerra civil, la organización política a través de la cual un sexo declara al otro: yo tomo todos los derechos sobre ti, te fuerzo a sentirte inferior, culpable y degradada” (Despentes, 2018, p. 59). Virginie no está furiosa consigo misma por no haberse defendido degollando con su navaja a los violadores, ella está furiosa por una sociedad que la educó sin enseñarla a defenderse.   

Las violaciones no son acontecimientos anómalos, poco frecuentes, o focalizados, sino parte de programas políticos cotidianos del uso de la violencia, tortura y la depredación de la máquina feminicida sobre los cuerpos

Sobre todo, me da rabia que, frente a tres hombres, una escopeta y atrapadas en un bosque del que no podíamos escapar corriendo, hoy todavía me sienta culpable de no haber tenido el coraje de defendernos con una pequeña navaja. […] Los hombres, francamente, ignoran hasta qué punto el dispositivo de castración de las chicas es imparable, hasta qué punto todo está escrupulosamente organizado para garantizar que ellos triunfen sin arriesgar demasiado cuando atacan a mujeres. […] Sin embargo, el día que los hombres tengan miedo de que les laceren la polla a golpe de cúter cuando acosen a una chica, seguro que de repente sabrán controlar mejor sus pasiones “masculinas” y comprender lo que quiere decir “no”. (Despentes, 2018, pp. 54-55, 56-57) 

Virginie no tiene la pretensión de ofrecer panaceas para los traumas producidos por la violencia sexual, ni tampoco nos brinda subterfugios analgésicos. Su obra testimonial es un ejemplo singular de la posibilidad de sobrevivencia y subjetivación luego de sufrir la brutalidad de las necroprácticas cotidianas de la violencia feminicida en nuestro tiempo. La posición de enunciación de Despentes no es la de la víctima de violación que siente vergüenza, guarda silencio y olvida. Ella habla como sobreviviente de una circunstancia política en la que se resiste a ser reducto victimario, para escribir como guerrillera insurrecta y furiosa. 

Esa furia que se contagia es lo que hace de la pluma de Despentes una tecnología política punzante y filosa, un arma valiente y radical, que nos habla sin concesiones sobre la violencia patriarcal y sus formas del ejercicio del poder. Dos de los temas más espinosos y complejos que aborda Virginie, también partiendo de su experiencia personal, son la prostitución y la pornografía. Mucha tinta ha corrido para deslegitimar o bien concordar con las posiciones de Despentes al respecto; lo que resulta ineludible es leer cómo tematiza las cuestiones. 

Despentes ejerció voluntariamente la prostitución de forma ocasional e intermitente, durante un par de años en su juventud: “Contar mi experiencia resulta difícil. Buscarme clientes en su momento fue mucho menos difícil” (Despentes, 2018, p.70). Durante el periodo en el que laboró para Minitel (un tipo de servicio de videotex antecedente arcaico del internet actual que fue ampliamente popular en Francia) como censora para impedir justamente la prostitución, es que sintió curiosidad por ese trabajo. Después de mucha desidia y algunos primeros intentos que al final no se concretaron, Virginie comienzó a ejercer el trabajo sexual y se sorprendió gratamente por el beneficio económico que le redituaba. Pero lo que también la sorprendió fue comenzar a jugar con el performance de la feminidad: unos tacones altos, un cambio de tono de cabello, un poco de maquillaje bien aplicado, lencería fina y una minifalda entallada que acentuara sus alargadas piernas, y se volvía una mujer que atraía todas las miradas. Esa técnica de performance (leyéndolo con Judith Butler) le permitió experimentar subjetivamente y explorar su cuerpo haciendo uso de los dispositivos de la feminidad a su disposición. Su relato nos conduce por los senderos de la exploración de la feminidad a partir de uniformarse de acuerdo con los imperativos sociales, algunas ponderadas anécdotas con los clientes, para luego gradualmente tornarse en una reflexión sobre el trabajo en las sociedades capitalistas modernas. 

Las prostitutas forman el único proletariado cuya condición conmueve a la burguesía” (Despentes, 2018, p.67). La prostitución (en la mayoría de los contextos, precaria, forzada, migrante, perseguida, pero ampliamente solicitada) es el modelo paradigmático de las formas de trabajo en el siglo XXI. Parafraseando a Despentes, el capitalismo toma de ti esas cosas que tú no quieres dar, y si tienes suerte, te las pagará, aunque sea miserablemente. Tu cuerpo, tu tiempo, tu salud, tu vida son mercancías y el recurso natural básico del que se extrae riqueza y capital. En nuestro sistema siempre tendrás que dar un poco más y se te pagará un poco menos. Una metáfora material y política de la prostitución dentro de los circuitos laborales mundiales obliga a cuestionar los procesos biopolíticos de producción y explotación actuales. Si se quiere la abolición del trabajo sexual, de la trata sexual y el tráfico esclavo de mujeres, niñas y niños, es necesario un cuestionamiento radical de la sujeción salarial misma, que apunte a producir un cambio estructural en la distribución de la riqueza, los alimentos, los recursos, los saberes y conocimientos, los lugares de enunciación y las tecnologías de subjetivación, que permitan el advenimiento de una verdadera sociedad cooperativa, colectiva y democrática. ¿Y si en lugar de prohibir el trabajo sexual, se prohibiera cualquier forma de trabajo en general? 

Sobre la pornografía, “una se pregunta qué diablos está en juego en el porno que hace que el dominio X tenga tal poder blasfematorio” (Despentes, 2018, p.103). La invención de la cámara fotográfica y de videograbación son los instrumentos técnicos de producción de lo que hoy conocemos como pornografía. El cine pornográfico es también un dispositivo global masturbatorio que excita al espectador, cuya imagen, sonidos y composición se dirigen directamente al centro mismo de nuestras fantasías, produciendo una reacción no siempre voluntaria y frecuentemente opaca. La fuerza del erotismo, con sus dimensiones inconscientes, y no siempre admitidas públicamente, se prolongan a las esferas políticas y mercantiles. 

Desplazamiento rudimentario de fantasías no siempre confesables, mecánica tecno-visual que se vale de la capacidad de excitabilidad de los cuerpos, industria de reciente creación monopolizada por los hombres y la visión masculina, el cine pornográfico es un sector del entretenimiento de masas dividido en subgéneros que varían de acuerdo con la época, las productoras, la geografía, las temáticas, las formas de distribuirlo, etc., al que le hace falta su propia historia, su genealogía, su arqueología, que estudien y analicen sus gramáticas, montajes y contextos. ¿Qué sistema cultural, técnico, simbólico, económico, permite la existencia del porno? ¿Es posible leer como archivo visual y simbólico el material pornográfico y situarlo como objeto de estudio que dé cuenta de la producción de subjetividad de nuestro tiempo? ¿Cómo se hace, quiénes son las y los actores, productores y demás trabajadores que colaboran en la maquila de este tipo de mercancías?, ¿cómo se inventa y qué define su censura?, son preguntas a la espera de investigaciones rigurosas en ciernes.  

Si bien la pornografía, con su diseminación planetaria vía el internet, ejerce una pedagogía del ejercicio de la sexualidad actual, su prohibición coercitiva a lo único que abona es a la incentivación del consumo compulsivo. Más ahora que, gracias a los smartphones, las nuevas generaciones de jóvenes se han vuelto productores y protagonistas de porno amateur. Al sacrificio ritualizado del porno le hacen falta discursos, pero también inventivas, experimentaciones estéticas y colectivización de las técnicas de representación en la era de los flujos viscosos de los metadatos. Si nuestra sexualidad, fantasías y formas de practicar el erotismo se encuentran ligadas al cine porno y las producciones de consumo visual, es entonces momento de imaginar, inventar y apostar por su diversificación. 

Lo que hasta aquí he comentado de manera condensada y fragmentaria, es sólo una pequeña muestra de lo que el lector encontrará en el manifiesto Teoría King Kong. Virginie Despentes escribe con la fuerza hiperpotente del deseo. Su escritura punk-rock es un ejercicio de constante reinvención y derrumbe de los códigos convencionales y opresores del género, la raza, la clase y el sexo. Sumergirse en su discurso permite imaginar realidades más amables, menos miserables y nos invita a pensar que otros mundos más heterodoxos son posibles. Su forma de plantear los temas que conciernen directamente a los movimientos feministas abre paso a fructíferas discusiones, debates, comentarios y disensos reflexivos. El libro es innovador, disruptivo, incisivo e imprescindible para los estudios de género, la teoría queer, los colectivos militantes y disidentes, y la literatura. La relevancia y originalidad de la obra de Despentes reside en la franqueza, sinceridad, lucidez y radicalidad de sus argumentos.

Desde su disruptiva novela debut que fue escandalosamente rechazada, hasta llegar a ser best-seller en Francia, hay una extensa producción e inventiva que han hecho de Virginie un referente para los estudios de género, los feminismos, la teoría queer y la literatura. La pertinencia de sus textos se debe a la magnífica forma de retratar nuestra convulsa actualidad en historias que mezclan la experiencia anecdótica de estar viva, con la intensidad y ferocidad de un estilo franco, un valiente uso de las palabras y una comprometida posición como escritora. 

Elegante dama oscura de las letras francesas, actual miembro de la Academia Goncourt, deseante rockstar tiernamente bestial, y provocadora de cuerpos, pensamientos y anhelos, Despentes encarna y subscribe exquisitamente en sus escritos consignas insurrectas de lxs subalternxs y mutantes. Con actitud desenfadada y un espíritu insumiso, a la vez tímida, a la vez imponente, sus respuestas en las entrevistas son siempre directas, brillantes y mordaces. Virginie es consciente de que nuestro mundo actual es grotesco, violento, asesino y cruel, y por eso mismo nos invita a la travesía colectiva de los feminismos. Ella promueve una práctica feminista que, sin perder su potencial político, guerrillero y revolucionario, también sea un bacanal festivo y lúdico. Ella escribe para nosotras, para vivir el viaje de los feminismos con alegría, acompañadas y entusiastas. No somos una ola, somos un tsunami​ and we are together on the road. Le deseo a lxs futurxs lecturxs de la obra de Virginie Despentes mucho placer y micropolíticas deseantes. Buena suerte, chicas y mejor viaje… 

Algunas obras de Virginie Despentes 

Despentes, Virginie. (2002). Teen Spirit. Francia: Éditions Grasset.

Despentes, Virginie. (2006a). Perras Sabias. España: Anagrama.

Despentes, Virginie. (2006b). Lo bueno de verdad. España: Anagrama.

Despentes, Virginie. (2010). Apocalypse Bébé. Francia: Éditions Grasset.

Despentes, Virginie. (2013). Bye bye blondie. España: Pollen.

Despentes, Virginie. (2016). Vernon Subutex 1. México: Literatura Random House.

Despentes, Virginie. (2017). Vernon Subutex 2. México: Literatura Random House.

Despentes, Virginie. (2018a [2006]). Teoria King Kong. México: Literatura Random House.

Despentes, Virginie. (2018b). Vernon Subutex 3. España: Literatura Random House.

Despentes, Virginie. (2019). Fóllame. España: Literatura Random House.

Despentes, Virginie y Trinh Thi Coralie. (Dirección). (2000). Baise-moi [Película].

Wolf, Virginia. (2017 [1929]). Una habitación propia. México: Seix Barral.


Una versión previa de esta reseña, ligeramente modificada, fue publicada originalmente en noviembre de 2019 en la revista Comunicación y Género Vol. 2 Núm. 2 (2019): Cuestiones de género y ciudadanía en el discurso fílmico, de la Universidad Complutense de Madrid.  https://revistas.ucm.es/index.php/CGEN/article/view/65304

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