‘Heridas abiertas’ ha sido mucho más que el papel pintado más bonito de la historia

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Para un matriarcado así, no sé yo qué es mejor, eh

Ahora que ya ha terminado Heridas abiertas, la serie por la que cada lunes nos hemos conectado a HBO haya llovido, tronado o nevado; y habiéndonos leído el libro de Gillian Flynn (autora de Perdida), sabemos quién está detrás de las chicas asesinadas en Wind Gap, Missouri. Si la tienes en tu to do list pero aún no te ha dado la vida para ponerte con ella, no pasa nada, puedes seguir leyendo sin miedo a spoilers.

La adaptación televisiva de Heridas abiertas ha sido maravillosa. Súper fiel al libro y con la periodista Camille Preaker fabulosamente interpretada por Amy Adams, hemos sufrido con ella al verla volver a su pueblo natal para cubrir la siniestra noticia de que, con unos meses de diferencia, dos jóvenes han sido encontradas muertas y con los dientes arrancados.

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Cada vez que Amy Adams beba, chupito.

Con esta premisa, es fácil afirmar que no nos hemos topado con la típica comedia veraniega ligerita… aunque la novela ya te adentraba en un mundo oscuro, bajonero y agobiante, al estar dirigida por Jean-Marc Vallée (Dallas Buyers Club) y producida por Blumhouse (responsable de, entre otros terroríficos títulos Déjame salir, Ouija, Hush o la saga Insidious), la serie lo es mucho más. La serie asfixia, angustia y revuelve pero, aun así, no puedes quitar los ojos de la pantalla. Y la protagonista, una mujer atormentada, autodestructiva e introvertida a más no poder, no hace otra cosa que ayudar a trasmitir estas sensaciones.

Todo este halo de miseria humana está envuelto en un papel de flores verde y precioso, con una música maravillosa y unos pijamas que dan ganas de no quitárselos jamás. Pero que nadie piense que es la típica ficción llena de jumpscares (que ojo, haberlos, haylos): en Heridas abiertas el misterio se cuece a fuego lento, capítulo a capítulo hasta llegar a un vertiginoso final que, probablemente, se salga de todas las opciones que barajabas durante toda la temporada. Porque, aunque el hilo conductor sean los asesinatos de dos chicas en un pueblo y, el cometido de la protagonista, descubrir quién está detrás de ellos, la historia va mucho más allá, y nos presenta una narración donde las mujeres y su sufrimiento son el eje central… cada una a su manera. Cada una viviéndolo o intentando no vivirlo de la manera que mejor sabe, aunque paliar el propio cause, en muchos casos, aumentar el de las otras. Una de las sensaciones que mejor han sabido mostrar tanto la serie como el libro ha sido la de repulsión: repulsión hacia la protagonista, hacia su familia, hacia su vida y hacia su infancia.

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La Lolita millennial más creepy.

Ha sido sorprendente ver cómo, en un verano lleno de estrenos mucho más acordes con el sol y el calo como Luis Miguel o La casa de las Flores (esta merece un post aparte), Heridas abiertas se ha ganado un buen puesto en la lista de series más vistas. Y no nos extraña.

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