Si quieres broncear tu cuerpo, hazlo usando la cabeza

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En ‘Algo pasa con Mary’ sí que sabían broncearse.

Si hay una costumbre veraniega que se escapa de nuestro entendimiento es, sin duda, el afán de lucir bronceado a toda cosa. Decimos a toda costa porque muchas prácticas para conseguirlo rozan la locura (¿untarse Coca-cola en las piernas, really bitch?) y, por mucho que la industria cosmética se esfuerce en recordarnos cada verano lo importante que es aplicar protector solar quieras ponerte morena o no, en 2018 aún hay gente que se achicharra bajo el sol.

¿Coger algo de color? Genial si es lo que te gusta, pero si no, no tiene por qué convertirse en un requisito veraniego por narices. En septiembre, al volver a la oficina, nadie nos dará una medalla si aparecemos negras como el tizón y, spoiler, ese tono dorado tan mono va a ir amarilleando según avanzan las semanas para volver a tu reblancor habitual.

Eso sí, para las amantes del vuelta y vuelta playero o piscinero, es condición sine qua non protegerse al máximo para tomar el sol. Porque luego lloramos cuando se nos pone la espalda como a un inglés que duerme la resaca boca abajo en Magaluf. Pero el proceso de cuidarse la piel de cara a tomar el sol no consiste solo en embadurnarse de crema solar al plantar la toalla en la arena. Hay que saber cuándo usarla, cómo y, sobre todo, cuáles utilizar.

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No es lo mismo un solar facial que uno corporal. Generalmente, los primeros funcionan como complemento perfecto a tu tratamiento habitual: los hay antiedad, antimanchas, con un poco de color si eres de las que no pisa la calle sin base de maquillaje… incluso existen los fluidos urbanos (que, aunque su nombre indique lo contrario, no se extraen de los baños del Wurli) con SPF50, para ir súper protegida por la ciudad: son algo más ligeros que un solar habitual y se usan como cualquier otra crema, hasta puedes maquillarte encima.
Por su parte, los corporales suelen venir en diversos formatos: crema, bruma, spray, mousse, agua… para que uses el que mejor te vaya o el que menos trabajo te cueste extender. Recuerda que, sea cual sea la textura que escojas, debes volver a aplicarlo cada dos horas aunque sean resistentes al agua.

Por si toda esta teoría fuese poca… ¿qué factor de protección hay que usar? Pues todo depende. Selecciona en este cuadro tu fototipo y verás claramente cuál es la tuya.

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Pese a esto, tampoco está de mas obedecer los remanidos consejos del telediario y no exponerse al sol en las horas principales del día, aplicar el protector media hora antes de ir a la playa o a la piscina y, aunque sea resistente al agua y/o a la arena, renovarlo cada dos horas. Esperemos que a estas alturas del verano no solo sepas usar crema solar a la perfección, sino que hayas gastado ya más de un bote. Y si aún no te ha llegado el momento de ponerte el bañador y la pamela para hacerte una foto de espaldas mirando al horizonte (cuánto daño han hecho las influencers), ojalá nuestra guía te haya servido de ayuda.

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