Volver. Hacia la nueva normalidad

Desde hace varias décadas nuestro planeta es un mega laboratorio necrobiopsicopolítico en el que se juegan continuas partidas experimentales de disputas por los recursos territoriales, energéticos, industriales, tecnológicos, económicos, naturales y temporales para la producción y gestión de la vida, la muerte, el capital y el poder. Luego de los pronósticos fracasados que se tensan entre la ansiedad utópica y el sosiego persecutorio sobre la vida después del confinamiento, paulatinamente los flujos económicos, las actividades laborales y los tránsitos de los cuerpos han comenzado a volver a otro mundo, ahora más viscoso, que se pretende ser más estéril aunque siempre fue virulento.


La pandemia que atravesamos ha recrudecido las desigualdades sociales, potenciado las maquinarias de segregación y vulnerabilidad, mostrado lo letalmente peligroso que es nuestra vida cotidiana, revitalizando antiguas técnicas de administración y segmentación de las poblaciones. El virus sigue siendo igual de contagioso que en un inicio, sólo que ahora ya no estamos confinados. Estrictamente hablando lo único nuevo es el virus SARS-CoV-2 y su consecuente enfermedad COVID-19, que se añade como un ingrediente más al cóctel de precipitadas mutaciones de nuestra época. La muy complaciente nueva normalidad no es más que un acto discursivo de idealismo político-científico-económico, con nuevos códigos comportamentales y nuevas gramáticas performativas para seguir habitando en las segmentaciones socioarquitectónicas de los enclaves urbanos.

La pandemia que atravesamos ha recrudecido las desigualdades sociales, potenciado las maquinarias de segregación y vulnerabilidad, mostrado lo letalmente peligroso que es nuestra vida cotidiana, revitalizando antiguas técnicas de administración y segmentación de las poblaciones. El virus sigue siendo igual de contagioso que en un inicio, sólo que ahora ya no estamos confinados. Estrictamente hablando lo único nuevo es el virus SARS-CoV-2 y su consecuente enfermedad COVID-19, que se añade como un ingrediente más al cóctel de precipitadas mutaciones de nuestra época. La muy complaciente nueva normalidad no es más que un acto discursivo de idealismo político-científico-económico, con nuevos códigos comportamentales y nuevas gramáticas performativas para seguir habitando en las segmentaciones socioarquitectónicas de los enclaves urbanos.


La escasez y especulación de precios en insumos médicos y productos sanitarios, junto con la incapacidad de los gobiernos de garantizar mascarillas, geles hidroalcohólicos y alimentos a cada ciudadano es el anverso del boom de la industria de la higiene estéril, el aislamiento individual con acrílicos y plásticos, la distribución de comida rápida mediante aplicaciones y el auge de las ventas de mercancías por internet. Por un lado austeridad, sobreprecios y especulación sobre la vida, la muerte y el destino de la sanidad pública, por otro, el triunfo anticipado del comercio electrónico y el delivery low cost.


La luz fría de las pantallas del ordenador transmitiendo miles de reuniones de Zoom han sido el principal medio para la realización de actividades académicas, reuniones laborales, despidos masivos y condenas a muerte en los tiempos de sociedades orgánico digitales donde las salas, los comedores y las camas se han vuelto las oficinas de teleproducción y las celdas de teleconsumo, transformando los espacios domésticos en centros de microoperaciones multimedia. Los que sobrevivieron a la masacre de los despidos impersonales en masa volverán a oficinas, donde tal vez el distanciamiento físico entre sus
congéneres sea posible gracias a los recortes de personal.

La luz fría de las pantallas del ordenador transmitiendo miles de reuniones de Zoom han sido el principal medio para la realización de actividades académicas, reuniones laborales, despidos masivos y condenas a muerte en los tiempos de sociedades orgánicodigitales donde las salas, los comedores y las camas se han vuelto las oficinas de teleproducción y las celdas de teleconsumo, transformando los espacios domésticos en centros de
microoperaciones multimedia. Los que sobrevivieron a la masacre de los despidos
impersonales en masa volverán a oficinas, donde tal vez el distanciamiento físico entre sus congéneres sea posible gracias a los recortes de personal.


En otro costado, los centros comerciales, mercados, cines, playas, lugares de esparcimiento, gimnasios, espectáculos, bares, restaurantes, cafeterías, hoteles, eventos culturales, antros y sitios que congregan grandes concentraciones de cuerpos potencialmente contaminantes y contaminables reabren a velocidad lenta pero constante, al mismo tiempo que se reactivan los vuelos y la movilidad terrestre. Queda aún por ver el destino final de los centros educativos. Cada espacio, de acuerdo con su tamaño, capacidad de convocatoria, uso, diseño y localización se debate en función del riesgo biológico y la utilidad económica, con adaptabilidades que permitan asegurar la confianza del consumidor.


Luego de un proceso necesario de semihibernación para contener la diseminación exponencial del virus, hemos regresado a un mundo extrañamente familiar al mismo tiempo sucio e higiénico, contaminado y estéril, colectivo y distante, donde las ansias por recuperar la cotidianidad anhelada se mezclan con prudencias templadas e inéditas rutinas de convivencia. No sé si es una mala, buena o ínfima noticia decir que las cosas después de la pandemia no serán ni tan catastróficas como unos desean, ni tan idénticas como otros evocan, sino simplemente distintas. Me parece que una cuestión decisiva, por lo tanto, no es cómo será la nueva cotidianidad, sino cómo queremos que sea, e inventar nuevos métodos para que florezca en el universo de lo posible.

Luego de un proceso necesario de semihibernación para contener la diseminación exponencial del virus, hemos regresado a un mundo extrañamente familiar al mismo tiempo sucio e higiénico, contaminado y estéril, colectivo y distante, donde las ansias por recuperar la cotidianidad anhelada se mezclan con prudencias templadas e inéditas rutinas de
convivencia. No sé si es una mala, buena o ínfima noticia decir que las cosas después de la pandemia no serán ni tan catastróficas como unos desean, ni tan idénticas como otros evocan, sino simplemente distintas. Me parece que una cuestión decisiva, por lo tanto, no es cómo será la nueva cotidianidad, sino cómo queremos que sea, e inventar nuevos métodos para que florezca en el universo de lo posible.

Entre la diversidad de enseñanzas que hay que cultivar en el proceso de mutación planetaria del que somos parte, la política de los cuidados y los afectos es crucial para reflexionar y actuar micropolíticamente en tanto que multitudes conectadas. Finalmente, tan sólo hemos reaparecido de nuevo en nuestras atmósferas de cotidiana convivencia con el riesgo de enfermar y morir por ser sujetos deseantes y cuerpos mortales. Quedan por inventar entonces nuevos modos para dar cabida a esa enigmática compulsión de la dicha del placer y el vértigo de la alegría por volver.

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