7 cosas que dejan de hacer incluso los padres y madres perfectos

TY BURRELL, JULIE BOWEN
Phil y Claire (‘Modern Family’), padres perfectamente imperfectos.

Uy, tener un hijo, qué movida. Todo empieza con mucha ilusión, muchos proyectos, y muchas cosas que quieres que salgan a la perfección, muchas comparaciones y consejos  bienintencionados que al final quedan en agua de borrajas. Porque tienes que SOBREVIVIR.

Según avanzan los días, los meses y los años, algunas buenas intenciones se convierten en supervivencia diaria y sentido práctico. Estas son las siete cosas que todo el mundo deja de hacer porque, seamos sincerxs, no hacen mucha falta:

Esterilizarlo TODO:
Un montón de terribles virus acechan a tu bebé. Es cierto que durante los primeros días hay que ser muy cuidadoso pero, poco a poco, te vas relajando… hasta que vas pasando de esterilizar cada cosa que se cae al suelo a darle un agua y, de ahí, a la regla de los cinco segundos: ¿Lleva más de cinco segundos en el suelo? No. Pues un soplidito y para dentro.

Cambiar los pañales en cada toma:
Antes de lo que crees confiarás en la capa absorbente de los pañales y en el extra de vaselina protectora para rascar unas horillas de sueño.

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Llevar siempre, siempre, ropa de recambio:
Cambiar de ropa a un bebé de menos de un año cada vez que se vomita o se babea es insostenible. Cambiar de ropa a un toddler cada vez que los sacas de paseo y se tira a jugar por el suelo, es una locura. En resumidas cuentas: niño sucio, niño feliz.

Avergonzarte de sacarte la teta:
Cuando comienzas con la lactancia y aún no controlas tu nueva situación, tu pudor y la búsqueda de comodidad para tu bebé hará que trates de estar en la mejor situación cada vez que das el pecho. Pasados un par de meses, ya le habrás abierto varias veces al repartidor de Amazon con una teta fuera y, si prolongas la lactancia más allá del año, habrás dado teta hasta con el niño sentado en el carrito del supermercado (true story).

Bañarlos: 
Reconozcámoslo, por mucho que le guste a tu hijo el agua y por muy adorables que salga en las fotos en la bañera, bañarlo es un coñazo. Un día sí y uno no cómo máximo recomiendan los pediatras y, bueno, si resulta que es un día sí y dos no alguna vez, pues tampoco pasa nada…

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Cero televisión:
Hasta los dos años está recomendado que no se les exponga a nada de televisión y, a partir de esa edad, como máximo media hora al día. Dicho esto, la primera tarde de invierno en casa con tu hijo después de hacer mil actividades, pensarás: “Si total, por media hora no pasa nada. Le puedo poner los dibujos en inglés”. Si vas a hacerlo, te sugerimos estos vídeos sobre Cómo tener hijos y que tus búsquedas en YouTube no den pena, así lo pasareis bien los dos compartiendo música juntos.

Nada de azúcar: 
A estas alturas ya tenemos claro que el azúcar es veneno y que hay que desintoxicarse, pero ¡ay, qué difícil es! Hasta que el niño tiene dos años es tarea fácil pero, pasada esta edad, la primera vez que te comas un bollo delante de él, te pedirá. Y te lo comerás. Evita en la medida de lo posible normalizar el consumo de estos productos, pero huir siempre es un carrera de obstáculos muy complicada.

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Si has conseguido asentar tu crianza tal y como la deseabas en los primeros meses de vida de tu retoño, felicidades. Si has recalculado cual GPS porque te has informado de cosas que ves que te molan más, felicidades también. Y si te dedicas a sobrevivir cada día de la mejor manera posible… ánimo, estamos contigo.

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