¿Cómo escribir la historia de otro? ¿Qué preguntas hacer para conocerlo? ¿Es posible desligarse del propio punto de vista para contarla, manteniéndose al margen de un relato del que se forma parte? Desconfiar de las preguntas sencillas se convierte en una necesidad y en el aprendizaje de un narrador que, oculto tras la tercera persona hasta pasado el ecuador de la novela, se dirige al protagonista contando su historia con la intención de conocerlo a través de la narración misma.
Lo que sé de ti, debut literario de Éric Chacour (Montreal, 1983), llegó a España en mayo de la mano de Editorial Dos Bigotes con una avalada trayectoria entre la que destacan los premios Femina des lycéens, Première Plume y Cinco Continentes de la Francofonía de 2023, alzándose después con el Premio de los Libreros de Francia en 2024 y encontrándose actualmente nominado al Giller canadiense.

Y este éxito queda justificado al comenzar a leer las páginas en las que el escritor quebequés desgrana la historia de Tarek, médico egipcio que, en los años ochenta en El Cairo y décadas después en Canadá, debe adaptarse a un contexto en el que no puede ser quien es, convirtiendo su vida en un deambular y en una ausencia (doble, la sentida por el protagonista y la arrastrada por el narrador), en una historia de amor que, desde su nacimiento, se antoja trágica. Pero, más allá de los desenlaces (de las decisiones, de los egoísmos y de las consecuencias de cada una de las acciones o inacciones de Tarek y de aquellos que lo rodean), hay en la escritura de Chacour una luminosidad que consigue destacar por encima del resto. Y, leyendo por segunda vez la historia de Tarek (y el contexto sociopolítico en el que se desarrolla) para escribir estas líneas, esa luminosidad resulta incluso más patente que en una primera lectura, como si el autor (así como el narrador) se resistiese a regodearse en lo trágico, en la imposibilidad impuesta por un contexto represor, y se centrase en destacar lo bello, en vivir el momento y, sobre todo, en aquello que no se cuenta, en los comienzos que se abren al final de las páginas de la novela y en la posibilidad de vivir nuevas historias y establecer nuevos lazos.
Porque Lo que sé de ti cuenta una historia triste (quizás también cruel), pero, a su vez, y más allá de un pasado irrecuperable, tiene la cualidad de mirar hacia delante y, no siendo un consuelo para aquello que no pudo ser, consigue sobreponerse a ese poso agridulce con la calidez del último café con el que narrador, al fin, se enfrenta a ese encuentro tan esperado.
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