Mudhoney y su impacto en el grunge: la historia de Steve Turner

¿Qué debe tener una biografía de un músico (o una banda) para que me guste? Pues debería hablar acerca de los distintos grupos en los que ha estado a lo largo de su vida, haciendo un recorrido desde sus inicios hasta más o menos la actualidad, o hasta donde haya llegado su recorrido en lo musical. Que relatara sus diversos vaivenes, aportando fechas, datos y una cantidad generosa de anécdotas sin que pasara a convertirse en Mátame por favor: la historia oral del punk, donde es difícil divisar la delgada línea entre intercalar historietas o datos más o menos objetivos con pura salsa rosa.

La biografía de Steve Turner tiene todo lo anterior y bastante más. Steve es conocido principalmente por ser fundador, junto a Mark Arm, de la banda grunge de Seattle, Mudhoney. La verdad es que grunge es un término que no me ilusiona usar, no porque resulte artificioso como tantos otros, sino porque, para mí, Mudhoney es una banda que siempre se ha movido en terrenos musicales donde el punto de mira estaba claramente puesto en el garage de los 60, el punk de finales de los 70 (tanto inglés como americano), algo de psicodelia y metal a partes iguales. Todo esto conforma un cóctel muy personal donde bandas como Alice in Chains, Pearl Jam o Soundgarden—con las cuales se relaciona abiertamente el movimiento grunge—no tienen absolutamente nada que ver musicalmente hablando. El caso es que Steve, en ningún momento del libro, hace ascos al término y reivindica a Mudhoney como una de las principales bandas en abanderarlo, y el título del libro también es significativo, claro.

Steve nos cuenta su historia desde que nació y creció durante parte de su infancia en Houston (Texas), un lugar totalmente remoto de donde acabaría poco después —Seattle— y ha vivido hasta hace unos cuantos años, de una manera bastante personal y cercana. Durante su adolescencia descubre las que serían sus grandes pasiones para el resto de su vida: primero las bicicletas de cross —donde llega a competir en diversos campeonatos—, más tarde el skate y, como otros tantos jóvenes de su generación en la América de entonces, tanto el punk rock como el por entonces emergente hardcore de principios de los ochenta. Aficiones que, junto con el hecho de que aparcara los estudios, le convirtieron en un bicho raro en la sociedad de la época. Aprendió a tocar la guitarra y acabó haciendo sus primeros pinitos en diversas bandas de Seattle, al principio simplemente por diversión, hasta que terminó junto a Mark Arm y varios miembros —que acabarían formando la archiconocida banda Pearl Jam— en Green River, un grupo bastante heterogéneo que, a la postre, ha sido reivindicado como seminal para la escena de Seattle. Debido a diversas diferencias musicales, abandona Green River y forma su propia banda junto al inseparable Mark Arm, Matt Lukin (bajista de The Melvins) y Dan Peters: Mudhoney.

Y es que Mudhoney ha sido la banda de su vida: girando alrededor del mundo, famosos por sus explosivos directos, siendo abanderados del sello independiente de Seattle Sub Pop cuando aún no habían dado el pelotazo Nirvana y tantas otras bandas de la ciudad. La banda donde ha compuesto temas que ha cantado toda una generación, como Touch Me I’m Sick o Suck You Dry.

Mudhoney fue la primera banda en poner en el mapa una ciudad que, como bien dice Steve en estas páginas, era evitada por las bandas que giraban por el país, ya que resultaba un sitio completamente remoto y que quizás tuviera más influencia de Vancouver (Canadá) que del resto de Estados Unidos. Este “aislamiento” fue uno de los caldos de cultivo para que se produjera un fenómeno como el grunge, con sus bandas, sus salas, su público y hasta un cierto sonido y una querencia por el ruido que compartían grupos de la otra costa, como Sonic Youth o Swans.

Mudhoney fue pionera en poner en boca de todo el mundo tanto el nombre de la ciudad como el estilo —especialmente en Europa al principio, antes que en Estados Unidos—, pero fue con el éxito masivo, primero de Nirvana y después de Pearl Jam, Soundgarden, etc., cuando todo el fenómeno grunge acabó estallando, y las discográficas terminaron peleándose por fichar a cualquier grupo que oliera remotamente a Seattle.

En el libro, Steve habla bastante de su vida personal: sus hijos y parejas, trabajos al margen de Mudhoney, ya que la banda ha tenido parones y altibajos, además de los consabidos problemas con las drogas de algún miembro.

Actualmente, Steve vive en Portland con su pareja y sus hijos. Mudhoney sigue girando más o menos regularmente por el mundo, dando grandes actuaciones y sacando discos que aún merecen la pena.

Es un libro que recomiendo, bien narrado y que interesará a los fans de Mudhoney, así como a aquellas personas a las que les gusten las biografías de músicos y quieran ahondar un poco más en las cuatro bandas asociadas a uno de los últimos fenómenos juveniles que han tenido cierta relevancia. Además, quería destacar la buena traducción, algo clave para redondear un buen libro.


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