El primer ser vivo que aparece en la última novela de Rita Indiana es el moho. Y, si bien puede parecer una decisión casual, su forma de crecer y multiplicarse sobre superficies vivas o inertes, paredes, alimentos, en el suelo o entornos acuáticos, en condiciones cálidas y húmedas, constituye el detonante perfecto para adentrarse en la historia del demonio que da título al libro, Asmodeo, a su naturaleza parasitaria y a su capacidad de supervivencia.
Pero también sirve para introducir al lector en el ambiente en el que se desarrolla la novela, una semana de mil novecientos noventa y dos en Santo Domingo, donde demonios, ángeles, estrellas de rock venidas a menos y un enjambre de desposeídos lucha por la supervivencia.

Mientras Asmodeo lucha por encontrar un cuerpo que lo albergue, Indiana (Santo Domingo, 1977) otorga un protagonismo coral a los humanos con los que se va cruzando el demonio, sirviéndose de ellos para entretejer una historia que, más allá del marco temporal inicial, cubre varias décadas de historia dominicana. El demonio que posee a desposeídos y los poseídos, que en la mayoría de las ocasiones no tienen nada que perder, entrecruzan sus destinos en una obra coral que revierte ese orden clásico en el que un poder superior controla las vidas de los humanos, mostrando aquí a unos seres (demoníacos o divinos) caracterizados por el mismo patetismo de las personas a las que poseen.
Entremezclándose con unos versos de autor esquivo (¿los escribe el rockero o su autor es el demonio?), y en un juego de espejos cuasimetaliterario, emerge la pregunta que se hace uno de los personajes: «¿Crees que los demonios sufren o hacen sufrir?». ¿Es Asmodeo un ser que controla su destino y el de las personas en cuyas vidas se infiltra como el moho o es otro personaje más, perdido entre los recovecos de la crónica que relata Indiana?
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