Lo que quede de Irantzu Varela, una narrativa testimonial y política

Si no creyera en lo más duro, si no creyera en el deseo
Si no creyera en lo que creo, si no creyera en algo puro
Si no creyera en cada herida, si no creyera en la que ronde
Si no creyera en lo que esconde, hacerse hermano de la vida
Si no creyera en quien me escucha, si no creyera en lo que duele
Si no creyera en lo que quede, si no creyera en lo que lucha

La maza, Silvio Rodríguez

Lo que quede de Irantzu Varela, publicado por Continta me tienes, es una obra que desafía el género literario convencional al entretejer memorias, emociones y reflexiones políticas en una narrativa que no busca respuestas sino conexiones. Varela, conocida por su activismo feminista y su aguda crítica social, así como por su trabajo en “Pikara Magazine” y “El Tornillo”, espacios donde cuestiona y visibiliza problemáticas de género, lo queer y las disidencias sexuales, se sumerge en esta obra como quien recorre un paisaje que ha sido arrasado por una tormenta, pero donde aún persiste, en cada ruina y en cada grieta, una semilla de resistencia y esperanza.

Lo que quede emerge como un testimonio vivencial y político de gran fuerza, un manifiesto de resistencia entretejido en las páginas de una memoria que explora lo irrecuperable, lo perdido y lo que, a pesar de todo, permanece. Es una obra que invita a adentrarse en la complejidad de las cicatrices personales y colectivas, de aquellas experiencias que nos marcan y dejan huellas en la carne y en el espíritu, pero que también permiten la posibilidad de transformación y, en palabras de Varela, de alivio.

Desde la primera página, este libro se siente como un acto de rebeldía, la autora no teme mostrar sus heridas, sino que las expone como testimonios de sus luchas personales y colectivas. Su lenguaje, preciso y desgarrador, convierte la experiencia de la lectura en un viaje íntimo, donde cada fragmento parece resonar con ecos de historias universales de violencia. No es solo la voz de Irantzu la que se escucha, son las voces de otras mujeres, de otros cuerpos y otras almas que han resistido y siguen resistiendo las embestidas de un mundo que insiste en deshumanizarlas y violentarlas. Su narrativa es una mezcla de poesía y política, de denuncia y lirismo, que captura la esencia de una resistencia cotidiana y poderosa.

Uno de los hilos conductores de Lo que quede es la memoria, ese espacio íntimo y a menudo doloroso, donde las experiencias personales y los traumas compartidos se convierten en un recurso para entender el presente y vislumbrar un futuro diferente. Varela no teme enfrentarse al dolor, al contrario, lo abraza y lo expone como una fuerza transformadora. En sus páginas, el dolor no es simplemente una cicatriz, sino una marca viva que narra historias, anécdotas y sentimientos que no solo pertenecen a ella, sino a generaciones enteras que han sido silenciadas y olvidadas. Aquí, el dolor se convierte en un testimonio, en una forma de narrativa particular, en una declaración de que lo que duele puede también ser lo que nos une.

Uno de los hilos conductores de Lo que quede es la memoria, ese espacio íntimo y a menudo doloroso, donde las experiencias personales y los traumas compartidos se convierten en un recurso para entender el presente y vislumbrar un futuro diferente.

Aquí el lenguaje es un arma y un refugio, y el discurso es un espacio donde la autora transforma la fragilidad en fuerza, el miedo en voz y el silencio en grito. La estructura de la obra refleja la naturaleza fragmentaria de la memoria y de la experiencia singularmente colectiva, como si cada palabra fuera una pieza de un rompecabezas inacabado, donde cada fragmento busca su lugar en una historia que nunca está del todo completa. Este juego de fragmentos y recuerdos le permite a Varela crear una narrativa fluida y mutable, que se adapta a la experiencia única de cada lectora, pues cada historia individual también es parte de una vida colectiva.

Cada página de este libro es un manifiesto sincero, feroz y potente que emerge de las entrañas de quien se rehúsa a callar. Varela, con su estilo directo y sin concesiones, nos recuerda la intensidad salvaje del Teoría King Kong de Virginie Despentes: la rabia transformada en palabras, la vida desnuda, sin ornamentos, como un acto de resistencia. Hay en cada frase una herida, una historia de lucha y una urgencia por romper con las estructuras que nos encierran y oprimen. Varela escribe como quien no le debe nada al mundo, y en esa libertad está su poder.

Como en los diarios y relatos íntimos de Annie Ernaux, en Lo que quede encontramos una honestidad desgarradora. Irantzu Varela abre las puertas de su vida, no para complacer a nadie, sino para mostrar que el dolor y la vulnerabilidad son también herramientas de construcción micropolítica. Las experiencias personales se transforman en denuncias, en poemas crudos que hablan de amor, desamor, cuerpos y espacios ocupados. Al leerla, sentimos que el lenguaje no es suficiente para contener lo que la autora tiene que decir, es como si las palabras fueran a explotar, como si cada letra vibrara de una sinceridad devastadora.

Pero también, como en la prosa de Alana S. Portero, hay una conciencia de clase que atraviesa cada página. Varela no olvida quién es ni de dónde viene. Nos recuerda que en el centro de las opresiones que denuncia están las luchas cotidianas de la clase trabajadora, de quienes viven y sienten a contracorriente. La autora nos enfrenta con la realidad de las desigualdades y con la urgencia de un cambio estructural que es, a su vez, profundamente personal. Porque en el fondo, este libro es también una llamada a la acción, una invitación a mirar el mundo sin filtros y a reconocer que las batallas que libramos (o no) cada día nos definen y nos transforman.

A lo largo de la obra, Irantzu explora el amor y el duelo como fuerzas entrelazadas. Su narrativa captura la complejidad de amar en un mundo que nos hiere y de llorar por aquello que el mundo nos ha arrebatado. Cada página parece una elegía, no solo para aquellos que hemos perdido, sino para las versiones de nosotras mismas que también se han quedado en el camino. Pero no es una elegía de desesperanza, es un canto de celebración de la capacidad para amar y resistir, para encontrar belleza en la pérdida y fuerza en el duelo.

A lo largo de la obra, Irantzu explora el amor y el duelo como fuerzas entrelazadas. Su narrativa captura la complejidad de amar en un mundo que nos hiere y de llorar por aquello que el mundo nos ha arrebatado.

También este libro es un acto de reivindicación del cuerpo y de la voz propia. Varela nos recuerda que nuestros cuerpos son espacios de resistencia, territorios donde libramos batallas cotidianas, y que nuestras voces, aunque a menudo silenciadas, son esenciales para construir nuevos relatos y derribar estructuras opresivas. En este sentido, la obra se convierte en un manifiesto de autodeterminación y libertad, un llamado a ocupar nuestros cuerpos y nuestras historias, a no dejar que otros definan quiénes somos ni quiénes podemos ser.

Este libro está construido como un refugio literario donde la palabra se convierte en un recurso de sanación frente a la falta de reparación. Sus páginas son un compendio de recuerdos, un archivo de emociones profundas y un recuento de las luchas cotidianas, muchas veces invisibilizadas, que sostienen las mujeres y demas disidencias en su tránsito por un mundo que insiste en vulnerarlas. En el entramado narrativo, Varela expone lo que significa habitar una existencia marcada por la desigualdad y la violencia, pero también por la fuerza colectiva de quienes resisten, se acompañan y que juntas se reconocen en las heridas y en las pequeñas victorias cotidianas.

La potencia de Lo que quede radica en su capacidad de trascender el plano individual para conectarse con la experiencia compartida de todas aquellas mujeres y disidencias que han sido relegadas, que han vivido pérdidas y que han tenido que encontrar sus propias formas de resistencia en una sociedad que les da la espalda. En esta obra, las memorias de la autora se entrelazan con las historias de muchas, creando un mosaico que representa las cicatrices de la historia colectiva, donde cada fragmento, cada recuerdo, tiene un lugar crucial en la construcción de la identidad, la pertenencia y el propio destino.

El alcance político del libro reside en su capacidad de hacer visibles las historias silenciadas, de tejer una narrativa que desafía las estructuras de poder al hablar desde un lugar de enunciación particular. El libro invita a sus lectoras y lectores a reconocer que la memoria es, en sí misma, un acto de resistencia frente al olvido impuesto. Y en este recordatorio, Varela no solo visibiliza las injusticias, sino que también rinde homenaje a las fuerzas colectivas de quienes sobreviven, de quienes persisten a pesar de todo. Es un recordatorio de que las historias que contamos sobre nuestras vidas no solo nos pertenecen a nosotras, sino que también son parte de una memoria colectiva en la que se encuentra la fuerza de la resistencia. Irantzu Varela, a través de esta obra, nos ofrece un espacio donde el sufrimiento se convierte en testimonio y la lucha se redefine, brindando una nueva perspectiva sobre lo que significa sanar sin olvidar, avanzar sin traicionar lo vivido, y sostenerse sin renunciar al compromiso con la justicia social y con la libertad de todas.

Otro de los ejes principales de Lo que quede es su naturaleza testimonial. A lo largo de sus páginas, Varela nos abre una puerta a sus vivencias y nos permite asomarnos al complejo tejido de experiencias y emociones que constituyen su existencia. Esta honestidad y exposición, transforman el libro en un acto de resistencia que no se limita a contar una historia personal, sino que busca situarse en el diálogo constante con una realidad social donde muchas mujeres y disidencias pueden verse reflejadas. Lejos de ser un manifiesto teórico, la autora convierte su narración en un espacio de denuncia y sanación donde las historias de dolor se transmutan en declaraciones necesarias. La narrativa feminista que Varela elabora va más allá de la confrontación con el patriarcado, representa un esfuerzo por narrar desde una voz empoderada y consciente que abre un espacio para el entendimiento y la reflexión.

Cada capítulo de este libro es una invitación a reconocernos en las otras, a construir desde la vulnerabilidad compartida y el abrazo radical de lo político en lo cotidiano. Porque en este libro, lo político es lo íntimo y lo íntimo es profundamente revolucionario. Irantzu Varela nos recuerda que lo que queda tras la tempestad no es solo ruina, lo que queda son también las manos que recogen los escombros, los cuerpos que siguen danzando sobre la tierra resquebrajada, las miradas que, incluso desde la distancia, construyen puentes de afecto, resistencia, cuidados, compañía y amor. Porque, como Varela misma nos recuerda, siempre queda algo: la rabia, la memoria, la esperanza, la posibilidad de inventar un mundo donde podamos habitar juntas y libres.

Finalmente, este libro al leerse se vive, se respira y se convierte en una trinchera. La obra de Irantzu Varela es, en última instancia, un legado para quienes seguimos luchando. Lo que quede no es solo el testimonio de una mujer que ha vivido y sufrido; es el testimonio de una mujer que se niega a rendirse, que sigue buscando y encontrando sentido en el amor, en la amistad, en el activismo y en la escritura. Varela nos invita a unirnos a ella en esta búsqueda, a cuestionarnos y a cuestionar el mundo que nos rodea, y a recordar que, aunque el camino sea largo y doloroso, siempre queda algo por lo que vale la pena luchar y vivir.

Irantzu Varela demuestra que la escritura y el activismo son herramientas transformadoras que, al entrelazarse, pueden llegar a influir de manera profunda en quienes se encuentran en la búsqueda de su propia voz. Su obra es un recordatorio de que cada testimonio cuenta, de que cada historia importa y de que la narrativa personal puede ser un acto de resistencia y de revolución en sí misma. Como ella misma lo expresa, «a falta de reparación, o a la espera de ella, ojalá Lo que quede sirva como alivio de lo vivido».

Puedes hacerte con este libro en tu librería preferida o en la web de Continta Me Tienes

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