Courtney Love y nosotras

Courtney y yo es el título de la reedición de un libro de Lucía Etxebarria que se ha convertido en un objeto de culto difícil de conseguir. Aunque fue escrito por encargo, y no por admiración, no deja de resultar interesante dentro de las numerosas publicaciones que el imperialismo cultural nos ha legado alrededor de la antireina del rock.

A pesar de la ambivalencia de sentimientos que se respiran en sus páginas, la autora profundiza en la confusión típica de nuestra sociedad del espectáculo en la que no discernimos la realidad de la representación ni el personaje de la persona. Tampoco concebimos la idea de que una mujer pueda caminar al lado de un hombre, y no detrás, ni que pueda albergar rabia o crear música a través de deseos de autodeterminación. De esta manera, hemos heredado la figura de Kurt Cobain como una gran deidad y la de Courtney Love como una deidad menor. Los mitos, las leyendas y las medias verdades que circulan alrededor de Courtney responden a los impulsos sensacionalistas y la lógica contradictoria de una simple cuestión machista. Le hemos colgado todos los estereotipos posibles y hemos mitigado los de su compañero, ¿por qué?

De esta manera, hemos heredado la figura de Kurt Cobain como una gran deidad y la de Courtney Love como una deidad menor. Los mitos, las leyendas y las medias verdades que circulan alrededor de Courtney responden a los impulsos sensacionalistas y la lógica contradictoria de una simple cuestión machista. Le hemos colgado todos los estereotipos posibles y hemos mitigado los de su compañero, ¿por qué?


Si hablamos de él, diremos que era un tipo atractivo, honesto y alternativo. Que fue el creador de un sonido característicamente ruidoso que acogió y definió a toda generación. Que su suicidio nos asoló profundamente y simbolizó la metáfora viviente de la muerte del grunge. En cambio, si hablamos de ella, diremos que es una tipa buscona, mentirosa y drogadicta. Que dudosamente ha conseguido nada por ella misma y que guardaba motivos malvados en todas sus relaciones afectivas. Que su presencia en las listas de ventas es fruto del azar y simboliza la metáfora de que cualquier mujer facilona, histérica y colgada puede triunfar en la música por el mero hecho de serlo.

Sin embargo, puedo asegurarte que cuando te sumerjas en el universo kinderwhore varias preguntas comenzarán a visitarte: ¿Esta tipa es una zorra o una auténtica superviviente? ¿Se trata de una oportunista o una visionaria? ¿La odio con toda mis fuerzas o me siento identificada con ella? Queridas amigas, que tire la primera piedra la que jamás haya sido tildada de marimacho, desequilibrada o ligera de cascos.

Sin embargo, puedo asegurarte que cuando te sumerjas en el universo kinderwhore varias preguntas comenzarán a visitarte: ¿Esta tipa es una zorra o una auténtica superviviente? ¿Se trata de una oportunista o una visionaria? ¿La odio con toda mis fuerzas o me siento identificada con ella? Queridas amigas, que tire la primera piedra la que jamás haya sido tildada de marimacho, desequilibrada o ligera de cascos.

La mirada hacia la otra nos devuelve la propia. Dejemos de buscar la aprobación externa, de juzgar a las demás y a nosotras mismas. Descubramos, perdonemos y abracemos nuestra niña interior. Tal vez así seamos capaces de mirar a Courtney de igual a igual, sin sentimientos de odio o admiración; simplemente, con empatía.

¡Amor y rock, hermanas!

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